La “llamada a las armas” de dos generaciones

rubés bolaño y jesús garcía vázquez son dos ejemplos de la historia de santa bárbara susy suárez
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La Fábrica de Armas es una industria antigua. Construida en 1937, en su momento llegó a tener su propio colegio, un pequeño hospital, un gimnasio, un teatro y un taller de alumnos de FP. Por ella han pasado varias generaciones de trabajadores, muchos de ellos padres e hijos, y ha representado una fuente estable de empleo en medio de las agitaciones de un mercado laboral incierto. Jesús García Vázquez vivió esa época pero Rubén Bolaño López llegó mucho después, en 2007, pasados seis años desde la privatización y la venta a General Dynamics. Ahora, los dos parecen condenados a ver su fin, si no se consigue evitar el cierre, programado para mediados del próximo mes.

“Me encanta o meu traballo. No  pensei que
o conseguiría, e teño boas condicións”



“É a miña vida. Con este salario criei a unha familia e o meu pai tamén foi da empresa”

“Este ano vou facer seis. E a ver se duro máis”, comenta Bolaño, con expresión de circunstancias. Cuando estaba en Formación Profesional le ofrecieron hacer las prácticas allí y no dudó: “Tiña curiosidade por saber dela. Toda a súa historia. Había tecnoloxía e canto máis se puidera aprender, mellor...” .

Fue el primero en entrar después de 23 años sin que se contratara a nuevos empleados, aunque después de él entraron otros jóvenes. “De alí a seis meses chamáronme para facer o exame médico, estiven nun periodo de proba e ata agora”. El puesto de trabajo de Bolaño se encuentra en un taller mecanizado, donde fabrica piezas para el fúsil, pero nunca ve el arma montada.

“Encántame o meu traballo. Nunca pensei que o conseguiría, pero agora teño boas condicións, cun bo soldo...”, explica este joven de 27 años que, a pesar de la amenaza que supone el anuncio de cierre, no está desanimado: “Eu penso que todo vai para diante. Que imos revertir a situación e que non podemos pensar que se vai pechar. Imos seguir cos nosos postos de traballo”.

 

más de 38 años

Su compañero lo ve todo desde una perspectiva más amplia: la que le dan sus más de 38 años pasados en la fábrica. “Máis cinco que fixen na escola de FP. Eu empecei no 74 no que chamaban ‘taller de pulimento’, onde se lle daba ás pezas un tratamento e logo se montaban na arma”, recuerda Jesús García Vázquez.

En aquella época era el 7.62, pesaba más de siete kilos y tenía carcasa de madera, lo que requería un taller de carpintería.“Foi cambiando todo, puxeron máis tecnoloxía. Agora a carcasa é de microfusión que non facemos aquí, un plástico específico que só pesa tres kilos e medio”, reflexiona.

Sin importar los cambios, la fábrica se mantuvo como una constante sobre la que pudo construir su vida: “É a miña vida. Con ese salario criei unha familia (tiene dos hijos) e o meu pai tamén foi da empresa”. Ahora, con 59 años, se ve de repente enfrentado a la incertidumbre. Y eso que no es la primera vez que lo pasan mal: “Pero sempre nos defendimos cando nos agrediron. Moitos fumos a escola xuntos e somos unha familia, nos coñecemos. Destas empresas xa non quedan”.

 

La “llamada a las armas” de dos generaciones