Toda una vida de periodismo recuperada por sus descendientes 21 años después

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Resuenan todavía sus palabras entre las paredes de las redacciones periodísticas de la ciudad, ya que fue la de Bocelo una figura de suma importancia para la profesión, aunque se tratara de ocultar su legado.

Pedro de Llano, conocido por muchos como Lolo de Llano, y por casi todos por su seudónimo, Bocelo, fue un hombre que llegó a dirigir los diarios La Voz de Galicia, El Ideal Gallego y El Progreso durante los años de la dictadura.  

No era precisamente Bocelo un hombre afín al régimen, sino más bien todo lo contrario. Fue, desde las páginas de los diarios que llegó a dirigir, uno de los adalides de la libertad de expresión durante el franquismo, tratando de sortear el elevado muro de la censura.

Fue Bocelo, en palabras de su nieto Pablo de Llano, también periodista, “un director de periódico progresista, con una línea editorial también progresista, en medio de un régimen dictatorial”. “Él encontraba la manera de expresar sus ideas, de trasladarlas a sus lectores y de aportar ideas para la reflexión y el debate entre los ciudadanos que leían sus periódicos, que siempre eran periódicos locales”, explica de Llano sobre la figura de su abuelo como director.

Las ideas que promovía Bocelo eran ideas de “progreso, de libertad, de solidaridad”, pero no las planteaba “a lo bruto”, sino que las camuflaba a través de episodios locales, en los que había un subtexto de cuestiones como la ideología, la política o la crítica al sistema.

Trayectoria
Consiguió en primer lugar Bocelo llegar a la dirección de La Voz de Galicia, cabecera que convertiría en una de las más importantes de la comunidad. Trabajó en este diario 31 años, de los cuales, en 17 ejercería como director, reconocido por el régimen.

Cuando acabó su etapa, Editorial Católica le encargaría la dirección de El Ideal Gallego, a pesar de sus ideas progresistas, alejadas de la Iglesia. Entre muchas cosas, destaca de su etapa en este diario la importante defensa del gallego, a pesar de que él fue criado en castellano. Sus amistades en el ámbito de la cultura gallega le llevaron a esta defensa del idioma.

La última dirección que ocupó fue la del lucense El Progreso, el cual dejaría en el año 80, ya inmerso en el proceso de democratización del país.

Reporterismo
“Era un hombre con mucha curiosidad, que siempre le gustaba ver y saber que se estaba haciendo en otros lugares”, comenta de Llano. Bocelo leía mucho Life y otras publicaciones españolas, lo que le llevó a ver que el periodismo apostaba cada vez más por el reportaje, por la crónica o por el fotoperiodismo. 

En esto fue bastante avanzado”, comenta su nieto, “desde muy pronto hizo una apuesta muy clara por el fotoperiodismo, le daba mucha importancia a la fotografía en su periódico y tuvo a grandes fotógrafos locales con él”, añade de Llano.

Esa fue una de las facetas que definió su labor periodística, su apuesta por el reportaje, por el trabajar mucho a pie de calle, “por estar con la oreja pegada al suelo” y escuchando y hablando con la gente. “Sus reporteros eran muy callejeros, siempre estaban enterándose de las pequeñas cosas que sucedían, que al final son las más importantes en el periodismo local”, explica de Llano.

Olvido
Tal y como cuenta su nieto, la salida de Bocelo de La Voz de Galicia no fue en los mejores términos con Emilio Rey ni con su hijo, lo que acabó sumiendo su figura en el olvido.

Ahora, tras una década de documentación y preparación, el hijo de Bocelo, Pedro de Llano, y su nieto, Pablo de Llano, presentan el libro “Bocelo. Crónica de un tiempo olvidado (1937-1978)”, con el que tratan de poner en valor la importante figura periodística que fue Bocelo para A Coruña.

Hoy, a las 20.00 horas, ambos presentarán el libro en el Sporting Club Casino.

Toda una vida de periodismo recuperada por sus descendientes 21 años después

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