Un adiós con el sueño de que a los aficionados les entre morriña pronto

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Los cuatro días pasando volando... y cantando, y desfilando, y bebiendo y disfrutando. Pero ayer fue el momento de despedir a los miles de aficionados que se desplazaron a A Coruña para vivir la Copa del Rey de baloncesto y que aprovecharon sus últimas horas libres para visitar la Torre y otros emblemas de la mano de un sol primaveral. 
Aunque algunos se marcharán hoy, la mayoría pusieron rumbo a sus casas el sábado –al caer eliminados sus equipos– o ayer mismo, una vez celebrada la final. En Alvedro estaba prevista la salida de tres vuelos chárter con destino a Barcelona, Gran Canaria y Palma de Mallorca. 
Además, los aficionados llenaron los asientos de los aviones habituales, como antes lo hicieron con los del Coliseo y entremedias con las barras de los bares de la ciudad y las camas de los hoteles.
El sector turístico en general hacía un balance muy positivo del paso de las aficiones del Real Madrid y el Baskonia, entre otras, dos días después del inicio del campeonato. Se supone que a estas alturas la alegría será mayúscula y los empresarios –hoteleros, hosteleros y, en menor medida, comerciantes– estarán rezando para que a los visitantes les entre pronto la morriña y regresen a la ciudad. 
Aún está reciente su partida, y en la hostelería ya la tienen, ya echan de menos a unos clientes que vinieron a A Coruña a gastar Julio Flores mediante (el sector recordaba su papel fundamental para traer el evento). Gracias a ellos se salvó un febrero malo en el que el Carnaval pareció alargarse, pero esta vez con la climatología de cara.
Un estudio de la propia ACB estimaba que el retorno económico inmediato será de 21 millones de euros tras el desembolso de dos. Lo que vendrá después está en duda pero desde luego nadie olvidará un hito histórico y deportivo en el municipio “donde nadie es forastero”.

Un adiós con el sueño de que a los aficionados les entre morriña pronto