“Tengo la sensación del padre que se va de viaje, vuelve, y los hijos le han dilapidado la herencia”

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  Entrevista de MIGUEL PAMPÍN

Francisco vázquez  exalcalde y exembajador cerca de la santa sede

Francisco Vázquez Vázquez (A Coruña, 1946) acaba de descubrir el placer de salir de la oficina a tomarse un café, charlar con su hijo por teléfono y repasar sin tensiones el derrotero que ha tomado su ciudad.


—¿Cómo se ha encontrado la ciudad al regreso?
—Estoy reinstalándome. Me recreo paseando como siempre hice, disfrutando del afecto de la gente, que me para, me habla, me comenta, me dice… Y preocupado al ver que la crisis ha golpeado también a La Coruña, como al resto de las ciudades. Comercios tradicionales cerrados, calles que han perdido la pujanza comercial, y esa sensación de angustia.
—¿Algo parecido a lo que se encontró en 1983?
—También había una crisis económica, pero la pérdida de la capitalidad fue un golpe durísimo. Había una desmoralización importante. Ahora hay la sensación de haber perdido el liderazgo a nivel de Galicia, e incluso en muchos aspectos, a nivel de España. La Coruña de hoy no está tan preparada y no tiene tanto peso. Su voz no se escucha con la misma atención que en el momento en que yo era alcalde. Esa es la diferencia. En el 83 La Coruña salía de una derrota. Hoy está en una situación de cierta desmoralización.
—¿Cuáles son las causas?
—Los relevos generacionales, el cambio en el proyecto de ciudad y, sobre todo, la pérdida de fuerza por parte del Ayuntamiento como elemento aglutinador. Pasa de una situación de mayorías absolutas consecutivas a una situación nueva de coaliciones. Eso merma la fuerza y la autonomía que da el gobernar con mayoría absoluta.
—¿Qué hubiese hecho usted de no haberse ido a Roma?
Yo había señalado el 2008 como el momento de mi marcha. Por lo tanto, me hubiera presentado a las elecciones de 2006. Yo trabajo sobre una realidad de 24 años ganando seis elecciones consecutivas con mayoría absoluta. Es más, creo que en esas elecciones el ciudadano hubiese valorado mucho el entender mi postura del “Prestige” al ver las obras del Puerto Exterior y hubiéramos vuelto otra vez a un ciclo de incrementar la mayoría absoluta.
—Pero el caso es que el tiempo ha pasado y ahora en la ciudad gobierna el PP.
—En La Coruña han gobernado 28 años las mismas siglas, pero no el mismo proyecto. Esa es la clave. No lo digo yo. Lo ha dicho el ciudadano con su voto. Hemos perdido en todos los distritos y en el 92 por ciento de las mesas. Ha habido un proyecto que al ciudadano no le ha gustado. No lo ha querido. Y se ha ilusionado más con otro. Hace cuatro años se produce una ruptura ideológica muy clara al formar una coalición con el Bloque Nacionalista Gallego. La Coruña no es una ciudad propensa a ese tipo de gobierno. Cuando uno pierde en los barrios donde siempre se ganaba quiere decir que la gente no estaba contenta.
—Pero usted contaba con el voto de la derecha.
—No. El proyecto que yo impulsaba tenía el voto de toda la izquierda y del centro-izquierda. El voto del Bloque o del PC era residual. Ganábamos de forma abrumadora en todos los barrios. Y, dicho en términos náuticos, conseguíamos pescar en los caladeros de la derecha, que era lo que nos fortalecía. Yo no ganaba en el centro o en la Ciudad Vieja, que eran feudos de la derecha, pero sacaba muchos votos. Donde ganábamos con unos porcentajes de escándalo era en la Ronda de Outeiro, Cuatro Caminos, General Sanjurjo, Los Castros, La Gaiteira, Elviña… Eso es lo que vuelve locos a mis adversarios, no de mi partido, de otros partidos. Cuando hablaban de vazquismo… El vazquismo era una forma de hacer una política de izquierdas que el ciudadano apreciaba muy bien. Veía los servicios sociales, los educativos, las obras en los barrios, y sobre todo la presencia física del alcalde era constante, hablando con la gente.
—Hasta el PP apelaba en campaña al espíritu de Vázquez.
—El PP lanza un mensaje inteligente. Quiere reivindicar el liderazgo de la ciudad: la ilusión, el proyecto de futuro, ante lo que callan mis compañeros. Es absurdo. Ellos deberían decir: “oiga, le agradecemos mucho al PP que reconozca que aquí había una gestión socialista que es un referente”. Es elemental. Si yo no he estado en esta campaña, ni en la anterior de autonómicas, ni en la de generales, es porque a mí nadie me ha invitado. Por así decirlo, he sido vetado en mi ciudad. No solo mi presencia; incluso mi mención. Me he convertido, como aquella película de espías, en “El hombre que nunca existió”. Yo aquí no existí para nada. A mucha gente le molesta que quien ha sido su alcalde durante 24 años esté dando un mitin en Cesuras, en Lugo, en Ribeira y que se le impida estar en su ciudad. Hubiese venido encantado, como he ido encantado a donde me ha llamado mi partido.
—Cuando habla de cambio de proyecto, ¿a qué se refiere?
Yo he tenido sucesores, pero no continuadores. Ellos aprovechan una serie de obras a punto de aprobarse: la Casa del Agua, el monte de San Pedro, la Tercera Ronda, la Fábrica de Tabacos… Y después incurren en un contrasentido pactando con el Bloque, porque quienes pactan son los mismos que estuvieron conmigo muchos años expresando sus discrepancias con el proyecto nacionalista, que yo no comparto. Yo siempre he entendido que el nacionalismo, que no el galleguismo, por esencia busca generar la independencia. Por esencia es fundamentalista y excluyente. Es intolerante. Y a mi la intolerancia, de izquierda o de derecha, venga de donde venga, siempre me tendrá enfrente.
—¿Se temía la debacle?
—Me he llevado uno de los mayores disgustos de mi vida. Los que se mueven en mi entorno lo saben. La noche electoral me emocioné. Tengo la sensación del padre que se va de viaje, vuelve, y los hijos le han dilapidado la herencia.
—¿Tanto como para romper con “los suyos”?
—Eso fue antes. El partido no se ha portado bien conmigo, es evidente. He recibido numerosos desaires. Pero bueno. A mí lo que me ha dolido no es tanto el partido como por las personas a quienes yo había distinguido con mi afecto y mi cariño. Eso me ha sorprendido y me ha dolido profundamente. Nunca he entendido ese afán de cambiar el proyecto, de tapar toda referencia a lo anterior, a veces rayando en el ridículo. Pero todo eso lo tengo olvidado. El partido seguirá su marcha y yo ayudaré siempre que se me pida y punto. En cualquier caso, el análisis, que es la autocrítica, tiene que venir dado por lo que han dicho los ciudadanos. El 92 por ciento de las mesas. Hemos perdido la mitad de los votos y de los concejales. El castigo ha sido mayor que al Bloque. Ha sido tremendo.


 

“La crisis se va a llevar por delante al actual Gobierno, pero también al próximo”

El Ideal Gallego-9999-99-99-999-7b8fd242A medida que Francisco Vázquez avanza por los escabrosos caminos de la actualidad política coruñesa se va encontrando cada vez menos cómodo. “No me quiero apear de esa máxima de que no es elegante que un exalcalde se ponga a enjuiciar”. Y recurre a su destreza dialéctica –diplomática– para trasladar el debate a otros ámbitos.
—Ha acudido a la toma de posesión de Negreira.
—Sí. Hemos ido mi mujer y yo. Fuimos invitados por el nuevo alcalde telefónicamente. Me expresó su deseo de poder tener en su momento una conversación conmigo. Siempre ha tenido además el gesto de expresar públicamente su apoyo a mi candidatura a Defensor de Pueblo, cosa que por cierto no hicieron otros. Fue la primera vez que pisé María Pita desde que me marché. Unas veces porque no he sido invitado y la mayor parte porque estaba en Roma. Y después, porque cada vez que venía aquí siempre montaban actos paralelos. Políticamente no he sido una persona grata. Ignoro los motivos y las razones. Imagino que juega siempre el complejo de matar al padre, de afirmar la propia personalidad.
—Miremos hacia delante ¿Qué espera del partido?
—Yo ya dije, hace más de un año, cuando se me ofreció la posibilidad de ser Defensor del Pueblo, que yo estoy dispuesto a asumir cualquier cargo o responsabilidad institucional. Pero evidentemente en temas orgánicos, no. Ahora estoy en una posición muy libre políticamente y eso me reafirma más en una de las pautas de mi vida política, que es mi independencia de criterio. Yo siempre digo lo que pienso. Esa es la auténtica lealtad. Puedo aportar al debate muchas reflexiones sin aspirar a tener un puesto de responsabilidad en el partido. Y callado no me voy a quedar. Eso es evidente. Daré mi opinión, sobre todo en una situación que a mí me desconcierta mucho. No entiendo el grado de crispación y de confrontación que se produce entre los dos grandes partidos porque el escenario en que se produce es caótico. ¿Qué debate político puede haber en España que no sea el de asumir que tenemos cinco millones de parados?
—¿Qué propone para acabar con esa situación?
—Estamos llamados a tener un gran pacto de Estado, o por lo menos es lo que debería intentarse. Pero ni uno ni el otro lo quieren. Ya estamos enzarzados en una lucha electoral que puede ser suicida. Al final la crisis se va a llevar por delante a este Gobierno. Pero acuérdense de lo que les digo: también se puede llevar por delante al próximo, sea del color político que sea. Yo desde luego haría un llamamiento al acuerdo entre PSOE y PP. Lo ideal sería un Gobierno de coalición, como ocurrió en Alemania. No creo que sea posible. Un acuerdo de Estado entre PSOE y PP, que ahora es más necesario que nunca, pero –fíjese lo que le voy a decir– más fácil que nunca también, porque hay un poder local y autonómico del PP, fruto de estas elecciones, y el Partido Socialista todavía conserva las responsabilidades de Gobierno. Podría ser un acuerdo institucional magnífico, sin presiones de minorías, sin coacciones de grupos económicos. Se podría fijar un escenario, a continuación elecciones, y a quien Dios se la dé, que San Pedro se la bendiga.
—Pero si ni siquiera se ponen de acuerdo para nombrar un Defensor del Pueblo...
—En ese caso me consta la aceptación por parte del señor Rajoy. También por parte del señor Zapatero, pero en todo caso sin la capacidad de superar lo que es un auténtico veto por motivos sectarios, porque es por motivos ideológicos de limitación de la libertad de conciencia. Al margen de que afecte a mi persona, es un tema de mayor trascendencia, porque ha superado un límite en el Partido Socialista que jamás se había dado, que era el respeto a la libertad de conciencia y a la tolerancia.
—¿Qué deja en El Vaticano?
—Aunque solamente fuera tender puentes de diálogo, fijar interlocutores, ha sido un gran avance. Había un desencuentro profundísimo entre el Gobierno y la Iglesia española. Y los acuerdos. El acuerdo de la financiación, que es histórico, el acuerdo de los profesores de religión, de educación para la ciudadanía, el del sistema impositivo… y enterrar el pasado son cuestiones importantes. Ha dejado de ser noticia. Hoy por hoy es una relación de completa cordialidad.
—¿Y a Fray Piccolo?
—Por allí anda. Yo nunca he tenido la suerte de verlo, pero conozco gente que lo ha visto: Paloma Gómez Borrero, una antigua embajadora, un pintor… Es un reflejo de la sociedad romana, a diferencia de Inglaterra, donde el fantasma es campestre. En el caso de Roma es más de palacio urbano. Es un matiz importante.


 

“Castellano conducirá a Galicia a su proyección financiera internacional”

Político de raza y observador minucioso, Vázquez no esconde su predilección por José María Castellano.
—Regresa usted, y el norte recupera el mando de la caja.
—Si se confirma la presidencia de José María Castellano será una magnífica decisión. Ahí no puede haber Celta-Deportivo, ni norte-sur. Pocas personas pueden reunir la categoría profesional, los conocimientos y las relaciones internacionales que tiene José María Castellano. Será un lujo para nuestra institución financiera regional. Sería imposible encontrar otro que gozara del respeto y la anuencia de todos. Nadie va a poner ahora en duda o en entredicho la capacidad de José María Castellano, que gozará de la confianza del capital gallego, pero algo más importante: llevará a Galicia desde el punto de vista financiero a su proyección internacional. Es un hombre que conoce muy bien este mundo.
—Y usted, a su puesto de inspector de trabajo.
—A lo largo de mi vida política siempre tuve esa capacidad de independencia que te da tener tu propia profesión, como dice la Biblia, ganada con el sudor de tu frente. Y además lo estoy pasando bien. Estoy reencontrando un Derecho que siempre me gustó mucho, que es el Derecho Laboral. Ha cambiado una barbaridad. Mis compañeros me están ayudando a ponerme al día. Puedo estar hasta los 70 años, así que todavía me quedan cinco.

“Tengo la sensación del padre que se va de viaje, vuelve, y los hijos le han dilapidado la herencia”