Reportaje | El lento peregrinaje de los alcaldes desde la iglesia de Santiago hasta María Pita

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Las casas consistoriales de A Coruña no son demasiado antiguas como Concejo cerrado, ya que antaño se hacía por el método de Concejo abierto.
Es decir, que el Ayuntamiento no tenía local donde reunirse y desde el siglo XII los acuerdos se tomaban en reuniones celebradas en el atrio de la iglesia de Santiago, en la ciudad Alta.
Es desde el siglo XIV, cuando los encuentros se hacen de modo alterno entre ese primer lugar y el convento de Santo Domingo; hasta que en el siglo XVI, al crecer la ciudad, el Concejo ve la necesidad de tener una casa propia donde reunirse y guardar sus documentos. Las primeras reuniones se llaman Concejos abiertos y pasa más tarde a conocerse como Concejo cerrado, bajo la forma de casa municipal.

Primer documento
El primer documento conocido de la formación del Ayuntamiento, data del 23 de marzo de 1344. Está compuesto de dos alcaldes, doce regidores, dos procuradores y dos vecinos de la propia ciudad, los cuales eran los custodios del propio sello de la ciudad, y se les conocían como hombres buenos, de intachable conducta personal y social. 
La Coruña como ciudad real queda bajo la supervisión de la Corona. El rey tiene la potestad de nombrar a su alcalde, de este modo, se convierte en Alcalde del rey, luego estaría el Alcalde de Foro o del Concejo, que elegido por los miembros que forman la Corporación Concejil. 
Por lo que el Alcalde de Foro, obtiene su medio económico al frente de su cargo mediante penas o multas impuestas, así como de algunas ventas hechas en la ciudad. Pese, a no tener sueldo fijo, como acontecía con el Alcalde del Rey, era un puesto muy codiciado por la nobleza y burguesía de la época.
El Concejo toma, en 1549, el acuerdo de comprar unos solares que eran propiedad de Francisco Mansilla, situados, en la plaza de la Harina, con la calle de las Damas, y cuyo coste ascendió a los 53.000 maravedíes de vellón. 
De esta forma se levantan en dicha plaza las casas consistoriales. En 1560 Rodrigo de Pacheco, a la sazón Capitán General del Reino de Galicia, incauta estas casas y las convierte en sede de la Real Audiencia en la Coruña. 
Al correr el año 1726 Francisco Montaigú realiza un proyecto para edificar de nuevo las Casas Consistoriales, así como el Arsenal de la Artillería, hasta ese momento adosada al propio consistorio. Pero el grave problema económico hará fracasar el proyecto, por lo que las reuniones del concejo se harán en diversas casas de la ciudad. 

Caserón
El peregrinaje acaba cuando, en 1835, pasa el Ayuntamiento a la casa de la calle de la Franja 23, donde había estado la Jefatura Política. En 1837 el Concejo pasa a morar en el caserón de los Agustinos de Cayón, adosado al templo de San Jorge, de donde salen en 1918 al Palacio de María Pita, sede del Concejo de la Coruña. 
Se inició su construcción en 1897 y finaliza en 1918 y está próximo a cumplir los cien años de su inauguración el 18 de septiembre del presente año 2018. 
La edificación se levanta con una superficie de 2.300 metros cuadrados, por 64 de ancho y 36 de fondo. Su altura hasta el tercer piso es de 13’80 metros, y hasta el ático tiene 24 metros, ocupando dicho palacio la totalidad del lado norte de la plaza. 
La fachada principal es de cantería; su estilo figura dentro del modernismo, con ligero refinamiento renacentista y su construcción tiene como punto principal el salón capitular de doble altura con tribuna. Por medio de los soportales se accede a un amplio vestíbulo que está franqueado por dos amplias escaleras, una denominada imperial, que queda a la derecha, y otra de cuatro tramos a la izquierda.
Recibe la luz por medio de dos patios cubiertos; el resto del inmueble está hecho en cuadrícula, siendo el elemento más destacable el salón de sesiones. 
La mesa presidencial del alcalde está cubierta por piedras de granito que se sacaron del lugar de Elviña. La del centro se extrajo de la punta de la península de la Torre. A cada lado del cuerpo central de la mesa se hallan, talladas en caoba, dos estatuas que representan el Trabajo y la Ciencia; mientras que los escaños recogen diversos pasajes de la historia de la ciudad. 
Destaca la leyenda de la Piedra del Destino, la venida de Julio César, el ataque de los normandos, el cerco a la Torre, la vuelta a la ciudad de sus moradores, el nombramiento de Alcalde, la llegada de Alfonso XI a La Coruña, la salida de Pedro I, la estancia de Fernando I de Portugal, el desembarco de duque de Láncaster, la reunión del Concejo en el atrio de la Iglesia de Santiago, la entrada de los Reyes Católicos, las peticiones del Concejo a Carlos I enla reunión de Cortes en La Coruña en 1520, así como la expedición a las Malucas realizada por García Jofre de Loaisa, en 1525.

Balcón de piedra
El edificio dispone de un amplio balcón de piedra donde los concejales y el alcalde se dirigen al pueblo; de la vistosa torre del reloj, en cuya planta se encuentra el despacho de la Alcaldía, donde destaca una vitrina que conserva el pendón de la ciudad.
Los corredores se encuentran decorados con diversas pinturas y retratos de los alcaldes coruñeses o de personas que favorecieron el desarrollo de la misma, entre los que hallamos a García Prieto, Daniel Carballo, Aureliano Linares Rivas, Juan Flórez, Eusebio da Guarda, José Castro Chané, José Rodríguez Martínez y Manuel Murguía, entre otros. 
Su elemento más artístico es el arco de herradura inserto en su fachada principal, que sobresale hacia la línea del propio balcón de autoridades y que fue colocado en 1927. 
Toda la fachada que da a la plaza está hecha en piedra, mientras que las cúpulas de las tres torres, están revestidas con cerámica  de brillo metálico. 
Para el resto del tejado se colocaron planchas de zinc, mientras que una pequeña cúpula acoge las campanas del reloj, y debajo de éste se haya el escudo de la ciudad. 
Bajo este, sobresalen cuatro figuras simbólicas de mujer, que representan las cuatro provincias gallegas, obra del artista catalán Antonio Parera Saurina, ganador del concurso celebrado en marzo de 1911, para dotar a la fachada, de un tema propio representativo de la región, en su capitalidad.

Ordenanzas
Por su parte, la plaza de María Pita nace como consecuencia del derribo de las murallas de la ciudad Alta en 1859, y se encarga de este proyecto el arquitecto José María de Noya. Asimismo, las ordenanzas establecen como debían ser construidos los inmuebles que se levantasen a su alrededor, siendo finalmente su autor Faustino Domínguez. 
La plaza tiene una extensión de 111 metros de lado, las fachadas de las casas están formadas con pilastras en forma de almohada. El primer piso tiene balcones corridos; el segundo lo hace de forma individual; el tercer piso, está compuesto de galerías también corridas y algunos de aquellos inmuebles tienen un ático por bajo del tejado. 

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