Un conflicto entre fruteros en Os Mallos provoca denuncias diarias ante el 092

jorge alberti atiende a los agentes municipales durante una de sus frecuentes visitas quintana
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En diciembre del año pasado, un nuevo negocio, la frutería “Yaya María”, abrió sus puertas en el número 53 de la avenida de Os Mallos. En un principio, que un establecimiento se ponga en marcha en plena depresión económica es una buena noticia, sobre todo porque el nuevo negocio ha conseguido un rápido éxito de ventas gracias a sus bajos precios. Pero el frutero, Jorge Alberti, denuncia un acoso por parte de las otras fruterías de la zona, que en cuanto comienza a descargar el género, alertan a la Policía Local de que está ocupando ilegalmente la vía pública con sus cajas. Fuentes municipales reconocen que reciben un número anormal de llamadas.
“Me dicen que no puedo dejar las cajas fuera, que están ocupando la calzada. Yo les digo que otras tiendas también lo hacen y ellos me dicen ‘ellos son ellos y usted es usted’ y siempre es así”. Para este argentino, la razón de este “acoso” que padece es muy sencilla: su éxito comercial. “Aquí vienen cada día 300 personas a comprar”, explica el frutero, que también tiene un puesto en la plaza de San Agustín. La razón no es otra que sus bajos precios, como él mismo reconoce. “Si los de allá –señala un negocio de la misma calle– tienen las cerezas a 2,50 euros yo las vendo a 1,70”.  Hay que reconocer que sus clientes están encantados: Carmen, una jubilada, sale siempre de la tienda cargada de bolsas de la compra. Asegura que viene siempre a esa tienda: “Te tratan muy bien”.
Ese es otra razón del éxito comercial de Alberti: el trato al cliente. “A la gente hay que darle algo más porque si no, no vuelve”, asegura. Y los propios vecinos de la calle reconocen que se hace querer: “No es muy quisquilloso con el peso y siempre te da algo a mayores”. La historia difiere cuando se trata de explicar cómo consigue el género a un precio tan bajo. Según Alberti, arriesga más que su competencia. “Ellos compran la fruta por cajas, y yo la compro por palés y voy a donde esté más barato”. Al hacerlo así, se arriesga a que el género se le estropee antes de que le pueda dar salida, pero le permite adquirirlo a precios reducidos. “Además, otros compran a cuenta y pagan a fin de mes, yo siempre lo hago en metálico”.

de una ong
Pero la historia da un giro muy distinto si se pregunta a la competencia. Para empezar, muchos niegan que les esté afectando la presencia de “Yaya María”. “Él tiene su clientela y vende sus productos y yo tengo la mía”, zanja un comerciante que tiene su negocio a escasa distancia. Pero es que además, aseguran que lo que les molesta es que obtiene su género de alimentos donados a ONG.
“Yo he visto por la mañana como la furgoneta de una ONG descargaba el material a su puerta”, asegura una vecina. Otros muchos se hacen eco de este rumor, que apunta a una asociación con sede en la Sagrada Familia. También señalan que recoge el género de los mercados municipal que normalmente se destina a la ayuda social porque se echa a perder. “Hay que tirar la mitad de lo que te da”, dicen.  
Y según reconoce el propio Alberti, en Canarias, de donde viene, también tuvo problemas similares.  n

Un conflicto entre fruteros en Os Mallos provoca denuncias diarias ante el 092