Casco consigue sacar a veinticinco jóvenes de la exclusión social en un plazo dos años

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Hace ya más de dos años que el Comité Antisida de A Coruña (Casco) abrió un piso para personas en riesgo de exclusión social en la ciudad, muchos de ellos muy jóvenes. En ese entonces, la directora de Casco, Sonia Valbuena, admitía que era tirarse a la piscina, porque asumían el coste en base a las promesas de apoyo económico de la Xunta. Pero el Gobierno autonómico cumplió, y hoy en día este proyecto de Casco se mantiene “estable y generalmente lleno”. En todo este tiempo, por ese piso han pasado 52 jóvenes, y han conseguido insertar a cerca de la mitad, lo que un porcentaje de éxito bastante elevado en este campo.


Valbuena comentó que la experiencia no solo está siendo exitosa, sino también muy satisfactoria para el equipo de Casco: “Son gente muy joven, tienen 20, 22, 25, 28 años, así que son recuperables. Con cualquier ayuda consiguen salir adelante”. Pero no lo tienen fácil. Cuando Caso abrió el piso, lo hizo porque había percibido que a su punto de café y calor llegaban jóvenes que no tenían ningún problema de salud, sino que simplemente no tenían a ningún sitio a donde ir. De ahí que decidieran abrir un servicio para ellos. Lo mantienen el proyecto con el apoyo económico de la Xunta, la Diputación y, en menor medida, del Ayuntamiento.
El 70% procede de menores


Todos los jóvenes que acoge Casco en su piso proceden de familias desestructuradas y, en hasta un 70% salen de instituciones de Menores. Cuando cumplen la mayoría de edad, se encuentran con que no tienen una ruta marcada que les permita integrarse en al sociedad y que tampoco tienen una red familiar que evite que acaben en la calle. “Tienen muchísimos problemas”, alerta Valbuena.
Para conseguir insertarse, desde Casco les ayudan a formarse y a encontrar empleo, siguiendo una rutina. Algunos tienen problemas de comportamiento, puesto que el piso se rige por unas reglas, pero estos no duran mucho, suelen marcharse en los quince primeros días. Pero los que consiguen finalizar el programa y conseguir un trabajo, mantienen vínculos estables con Casco. “Vienen a visitarnos de vez en cuando” Además, también hay casos de gente que consigue acabar el programa, ponerse a trabajar, y el destino le da la espalda de nuevo. “Por ejemplo, un chico que tenía trabajo pero murió su jefe, así que perdió el empleo y ha vuelto aquí”, explica la directora de Casco.


Además, la demanda no ha bajado en absoluto desde que abrieron el piso. A pesar de los indicios de recuperación económica, el paro sigue siendo muy elevado en la juventud.


Ayuda personalizada
Pero no todo es el entorno. Algunos de los jóvenes acogidos con Casco padecen trastornos mentales, lo que dificulta mucho su proceso de inserción. “Por ejemplo, tuvimos un chico que sufría esquizofrenia, así que nos documentamos para saber cómo asistirle”, explica. Valbuena. En otra ocasión, tuvieron en el piso a un joven sordo, así que el equipo de Casco decidió aprender lengua de signos para poder comunicarse con él adecuadamente.


“Otro problema muy habitual es la comunicación con los extranjeros, muy difícil”, añade la directora, que confiesa sentirse muy orgullosa del equipo a cuya cabeza se encuentra. “Siempre nos estamos formando y aprendiendo cosas nuevas”, asegura.

Casco consigue sacar a veinticinco jóvenes de la exclusión social en un plazo dos años