La mujer japonesa se viste de haikú y fajín

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Las artistas Ana Soler y Yano Yoro sacan a bailar sobre la pista a Japón y A Costa da Morte. Sus cuadros están en sintonía con los haikús que escribe Francisca García y el resultado germina en el local Pao de Toxo como una forma de viajar al otro lado del planeta sin moverse del sillón. La poeta cuenta que las composiciones salen de sensaciones que le produjeron las pinturas de Ana Soler, con campamento base en Vigo, y que tienen que ver con paisajes gallegos y nipones y con flores de ambos ecosistemas. 
La exposición se titula “La dama del pueblo de las flores” y tiene su origen en los “Cuentos originales de Marguerite Yourcenar”, en concreto, en el relato “El último amor del príncipe Genghi”. Cada obra representa un tipo de mujer de la que se enamora el protagonista del cuento y la que le da título a la misma es una antigua concubina de mediana belleza, que, según cuenta la creadora, estuvo en la sombra y sirvió fielmente a Genghi. Le amó en silencio durante 18 años. Así es como Soler ofrece un doble juego. 
Por un lado, están las melenas que acompañaron al príncipe y, por otro, la presencia escondida de su amante. Sobre papel con técnica mixta y lienzo. Para salpimentar la colección, la pintora se alía con los textos de Francisca García, que aportan más finales abiertos e incitan a la reflexión. 
Sus haikús van asociados a estados de ánimos y hacen que la imaginación se deslice. Como toque final, Yano Yoro aporta a la puesta en escena sus obis, que son fajines de seda y satén, telas de alta calidad que dan lugar a piezas únicas creadas en 2015 y pintadas a mano. 
En este caso, la diseñadora bebe de la belleza paisajística de Galicia. Los cuadros, haikús y obis conforman esta visión japonesa puesta en bandeja para que uno la mastique al gusto. Francisca García comenta que es la segunda vez que exponen su propuesta. En la primera contó con las vistas del faro Vilán en Camariñas para seguir extendiendo un brazo a Oriente desde Pao de Toxo, donde las mujeres de Soler hacen pareja con las palabras que Francisca escoge para recoger la esencia. 
Aunque escribe poesía desde hace muchos años, la madrileña confiesa que es la primera vez que realiza haikús, “que exigen meterte en situación y concentrarlo todo en poco espacio”. Entre las dos retratan a la mujer japonesa. Y su día a día.

La mujer japonesa se viste de haikú y fajín