Reportaje | Los siete magníficos que dieron forma a la Constitución del 78

GRAF8761 MADRID, 31/10/2018.-La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo,d, conversa con José Pedro Pérez-Llorca,C.,y Miquel Roca, padres de la Constitucion, en la sede del Instituto Cervantes donde la princesa Leonor interviene por primera
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La dimensión del trabajo de los siete encargados del texto constitucional fue creciendo con el tiempo, debido a una tarea nada fácil, en un delicado trance histórico, con momentos de crisis y gran zozobra, como cuando el socialista Gregorio Peces-Barba abandonó la ponencia antes de que se firmara el anteproyecto enviado a la Comisión.

Las sesiones de la ponencia, celebradas a puerta cerrada, no fueron un camino de rosas para unos protagonistas que partían de posiciones ideológicas dispares e incluso antagónicas.


El socialista Gregorio Peces-Barba había sido detenido en 1971 antes de ingresar en el PSOE clandestino; Jordi Solé Tura, diputado del PSUC, había estado encarcelado; y Miquel Roca, de CDC, era hijo de exiliados catalanes nacido en Francia. 


Frente a ellos, un exministro de Franco como Manuel Fraga, de Alianza Popular, o Gabriel Cisneros, de UCD, que había sido procurador en las Cortes franquistas.


Miguel Herrero de Miñón, también diputado de UCD, era letrado del Consejo de Estado desde 1966, y su compañero de partido José Pedro Pérez Llorca, diplomático, había conseguido una plaza de letrado en Cortes en 1968.

“Los siete magníficos” les apodaron desde el primer momento los cronistas parlamentarios; las cuatro décadas de vigor de la Carta Magna trasmutaron aquellos “magníficos” en “padres”.

Escribanos
Y eso que Miquel Roca o José Pedro Pérez-Llorca prefieren definirse a sí mismos como “escribanos” más que progenitores, es decir, meros transmisores de la voluntad del pueblo español.
Junto a Miguel Herrero de Miñón, Roca y Pérez-Llorca son los únicos de los siete ponentes que aún viven, últimamente muy ocupados con los actos conmemorativos del aniversario constitucional.
Con trayectorias vitales muy distintas, todos mantuvieron su compromiso con aquel espíritu de consenso, y así lo ratificaron en una declaración firmada por todos ellos en 2003 con motivo del 25 aniversario de la Carta Magna.

El más implicado en política
Manuel Fraga fue el más implicado con la actividad política, como diputado y líder de su partido, AP, y tras su refundación en el PP, como presidente de la Xunta de 1990 a 2005, para cerrar su trayectoria pública como senador.


Peces-Barba, que llegó a presidente del Congreso, en 1986 dio por cerrada su etapa en la política para dedicarse por entero al mundo académico; fue rector de la Universidad Carlos III y alto comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo.

También se volcó en el mundo académico Miguel Herrero de Miñón después de 16 años como diputado de AP y luego del PP; se retiró de la actividad política para reincorporarse al Consejo de Estado como letrado y luego como miembro permanente.

El periplo vital de José Pedro Pérez-Llorca, ministro en tres gobiernos de UCD, le llevó a partir de 1997 al mundo de la empresa, con cargos en Telefónica, Iberia, e IAG; desde 2013 preside el Patronato del Museo del Prado.

Miquel Roca, impulsor de la fracasada “operación reformista”, fue diputado de CDC hasta 1995, cuando pasó al Ayuntamiento de Barcelona, pero en 1999 cambió la política por la abogacía, muy conocido por haber defendido a la infanta Cristina en el caso Nóos. 

Gabriel Cisneros siempre fue diputado, primero de UCD y luego del PP, salvo un paréntesis entre 1986 y 1989; formó parte de la Mesa del Congreso en la VIII Legislatura y cuando falleció en 2007 era vicepresidente tercero de la Cámara.

Comunista del PSUC, Jordi Solé Tura procedía del mundo universitario catalán y fue diputado, concejal en Barcelona, decano de la Facultad de Derecho de Barcelona, diputado autonómico, senador y ministro de Cultura con Felipe González.

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