El Pentágono nombra a su enviado especial para cerrar la cárcel de Guantánamo

El pasado enero se cumplieron once años del envío de los primeros presos a la cárcel ubicada en Cuba y creada por el expresidente George W. Bush para mantener a los detenidos en la guerra contra el terrorismo. EFE/Archivo
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El secretario de Defensa de Estados Unidos, Chuck Hagel, anunció hoy el nombramiento de Paul M. Lewis como enviado especial del Pentágono para el cierre de la prisión abierta hace once años en la base naval de Guantánamo para detenidos por cargos de terrorismo.

"El anuncio refleja el compromiso del Departamento de Defensa para la aplicación de la directiva del presidente Barack Obama de cerrar el centro", dijeron funcionarios del Pentágono en un comunicado.

"Lewis aporta la experiencia de su cargo anterior como consejero general de la minoría del Comité de Servicios Armados de la Cámara (de Representantes), donde supervisó las cuestiones relacionadas con Guantánamo", agregaron las mismas fuentes.

Los cometidos de Lewis consistirán en facilitar la transferencia de los detenidos del penal a otras cárceles federales así como supervisar las transferencias a otros países y las de aquellos presos que están bajo custodia estadounidense en Afganistán.

Lewis también trabajó como consejero general de la Oficina del Asesor Legislativo del Departamento de Defensa, que llegó a dirigir.

Tras meses de vacante en el cargo, el Departamento de Estado anunció el nombramiento de su enviado el pasado junio, puesto que ocupa desde entonces Clifford Sloan, un abogado de Washington muy cercano al secretario de Estado, John Kerry.

Obama se comprometió en mayo a trazar un plan para la transferencia de presos a países que ya han dado luz verde para recibirlos. Más de la mitad (86) de los 166 reclusos del penal están en esa situación.

El pasado enero se cumplieron once años del envío de los primeros presos a la cárcel, situada en la base naval que EEUU tiene en territorio de la isla de Cuba.

Esta prisión, objeto de numerosas críticas, ya que, entre otras cosas muchos presos han pasado años sin que se les formularan cargos concretos, fue organizada durante la Administración de George W. Bush para mantener en cautividad a los detenidos en la guerra contra el terrorismo.

Su cierre fue una de las principales promesas de Obama durante su campaña presidencial en 2008, una promesa incumplida entre otras cosas por la negativa de los republicanos en el Congreso a aprobar las transferencias de detenidos a sus países de origen o a otras cárceles de máxima seguridad dentro del territorio continental estadounidense.

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