La rotonda de la Iglesia Nueva, objeto de debate un año después de firmar el acuerdo con la Xunta

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La plaza de la Iglesia Nueva tiene rotonda, glorieta, o como quieran llamar a la infraestructura que se instaló hace unos ocho meses –las obras comenzaron antes de las elecciones municipales de mayo del pasado año–, no dejó a la ciudadanía indiferente. Eso está claro.
Como si todo tuviera que dividir, esta pequeña rotonda no iba a ser menos. Ejecutada gracias a un convenio con la Consellería de Infraestruturas –cuya titular era entonces Ethel Vázquez– firmado hace ahora un año, aún durante el mandato en el Ayuntamiento de Ernesto Anido, tiene sus defensores y sus detractores, como todo.
Precisamente el exalcalde defendió ayer esta cuestión a capa y espada, asegurando que la rotonda había supuesto una medida “muy acertada” por varios motivos. Uno de los principales radica en que se obliga a los vehículos a disminuir la velocidad a su paso por este punto –desde ahí se puede continuar hasta el paseo marítimo o subir hasta Párroco Villanueva, entre otras opciones–, lo que, como señala Anido, ayuda a aumentar la seguridad vial. “No se ha producido ningún accidente desde entonces”, asegura el hoy portavoz del grupo municipal del PP en la corporación.

menos control, más fluidez
Tal es el orden circulatorio logrado con la glorieta, insiste el exregidor, que “ya ni hace falta que haya un agente de la Policía Local y antes siempre lo había en hora punta”.
“Ha mejorado muchísimo la circulación, ahora es más fluida”, subraya una y otra vez Anido, que defiende que aquel proyecto se llevó a cabo después de que técnicos de diversas administraciones –entre ellas la Xunta y la Diputación– llegaran a la conclusión de que la que hoy da la bienvenida al centro urbano de Sada era la mejor para “redistribuir la circulación”.

críticas
Sin embargo, no todo son palabras bonitas para la que se ha convertido, quizás, en la rotonda más famosa del municipio, ya que vecinos y comerciantes de la zona no son de la misma opinión que el portavoz popular.
Algunos de los negocios que se encuentran a escasos metros de la glorieta ven cómo los vehículos, especialmente los de gran volumen, tienen que hacer algunas maniobras para poder girar en este punto, lo que les hace temer en muchos casos por la integridad de sus locales.
Esos mismos conductores se quejan también de que no todos respetan las señales o el nuevo orden del tráfico generado por esta infraestructura, ya que provoca que pueda haber incluso más caos circulatorio.
Todo lo contrario de lo que Anido sostiene, que es que “ni siquiera hay bocinazos” en esta zona, que es el principal punto de entrada para aquellos que se desplazan tanto desde A Coruña como desde el municipio vecino de Oleiros.

La rotonda de la Iglesia Nueva, objeto de debate un año después de firmar el acuerdo con la Xunta