Irán afronta el reto de aplicar el acuerdo nuclear alcanzado con las potencias occidentales

Una mujer iraní lee en un periódico de Teherán la noticia sobre el acuerdo nuclear EFE/ABEDIN TAHERKENAREH
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Una vez alcanzado la madrugada de ayer el acuerdo internacional sobre el programa nuclear iraní, el Gobierno de Teherán afronta a continuación el reto inmediato de facilitar su escrupulosa aplicación en los seis meses que siguen, única manera de que cumplido este plazo el arreglo quede fijado.
Solo ese paso final, que requiere la adopción de un acuerdo definitivo, cerrará la crisis de más de 35 años entre Irán y los países más influyentes de Occidente que aisló a la república islámica.
Si bien las negociaciones resultaron largas y difíciles, con momentos que hacían presagiar el fracaso, y el éxito con el que han concluido ha sido aplaudido alrededor del mundo, la segunda etapa no será necesariamente más sencilla.
Así lo explicó el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov: “En estos seis meses, no solo tenemos que mantener el status quo. Hemos acordado dedicar este período a continuar con intensas negociaciones para llegar a acuerdos finales sobre los parámetros de las actividades nucleares pacíficas de Irán”.
Las autoridades iraníes, que como es lógico se han apresurado a presentar a su opinión pública este acuerdo como un gran logro en su favor, deberán ahora demostrar su buena fe al resto del mundo y cumplir cada punto con el que se han comprometido, empezando por la neutralización de sus reservas de uranio enriquecido al 20 por ciento.
Esto se logrará sea a través de su disolución a un nivel por debajo del 5 por ciento o de su conversión en una forma que no pueda ser utilizada para un enriquecimiento mayor.
Teherán se ha comprometido a no ensamblar ninguna centrifugadora adicional de ningún tipo y a no instalar ni utilizar centrifugadoras de nueva generación para el enriquecimiento.
También deberá dejar inoperables aproximadamente la mitad de las centrifugadoras de las plantas nucleares de Natanz, y tres cuartas partes de las que están en la de Fordo, para evitar que puedan ser usadas para enriquecer uranio. En cuanto a sus actividades de procesamiento, Irán aceptó detener el aumento de sus reservas de uranio enriquecido al 3,5%, de modo que al cabo de los seis meses de vigencia de este acuerdo la cantidad deberá ser igual a la de ahora.
El cumplimiento estricto de estos y otros compromisos será garantizado a través de un acceso extendido a los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica, que podrán entrar a diario a las plantas nucleares de Natanz y Fordo.

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