Reportaje | El golpe de sable que hirió a Casares Quiroga en junio de 1917

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1917 fue un año conflictivo. España sufría las consecuencias de tres años de guerra mundial en forma de ataques de submarinos alemanes a la flota mercante, crisis económica e inflación: entre 1913 y 1917 el precio de la vida subió un 31 por ciento sin que los salarios aumentasen proporcionalmente. En A Coruña la depresión económica fue acusada. Los documentos contemporáneos hacen frecuentes menciones a la “crisis de trabajo” que afecta a “muchos obreros de esta ciudad y de varios pueblos de la provincia, que vienen a la Coruña en demanda de ocupación”. Aumentaron los desahucios y faltaron productos básicos como la harina, la carne o los huevos.
En consecuencia, aumentó la conflictividad obrera. Un paro sindical de estibadores se saldó con la muerte de un esquirol en 1914, y luego vinieron huelgas de pescadores, cigarreras, obreros municipales, ferroviarios… Algunas veces acompañadas de piquetes, violencia y represión de la Guardia Civil. Los ánimos estaban caldeados, y las reivindicaciones obreras se mezclaban con el resquemor de los republicanos (que siempre ganaban las elecciones en la ciudad, y a los que la ley electoral imposibilitaba conseguir la Alcaldía), y el laicismo militante.

Mitin
El 15 de junio de 1917 La Antorcha Galaica del Libre Pensamiento, gestora de la Escuela Laica, organizó un mitin anticlerical en el teatro Rosalía de Castro, “absolutamente lleno de gente”. Empezó a las tres de la tarde, y en él las figuras más destacadas del sindicalismo coruñés compartieron púlpito con los concejales republicanos Santiago Casares Quiroga, futuro presidente de Gobierno de la Segunda República, y Gerardo Abad Conde. 
Todos clamaron contra los jesuitas, que tenían previsto organizar a las siete de la tarde organizaba una procesión desde Juana de Vega que se interpretaba como una “manifestación política”. Aunque el presidente de la asamblea llamó a la calma, “del público salieron voces de ¡Ahora! ¡A por la procesión!” y el público comenzó a desalojar la sala.Las autoridades habían blindado el recorrido. Piquetes armados de policías y guardias civiles impidieron el paso a los obreros la calle Real y el Obelisco, hiriendo a alguno. La multitud se desvió entonces hacia el puerto y se volvió a concentrar en los Cantones, donde empezaron a volar piedras además de consignas. Según alguna fuente, el primer local atacado fue la sede de la Juventud Católica. Otros mencionan la del recién fundado periódico El Ideal Gallego, que apenas llevaba editándose un mes y medio. Era sucesor del diario El Eco, fundado en 1904 y desaparecido en 1916 tras el incendio de su rotativa, y había heredado de él una línea editorial católica y conservadora. No fue el único ataque que sufriría: tras el alzamiento nacional de 1936 atacaron sus oficinas, y en 1976 la Organización de Estudiantes Antifascistas trató de quemar su imprenta. En 1917 el periódico se salvó con una pizarra rota.
Las fuerzas de seguridad respondieron a las piedras con sablazos. Algunos manifestantes, emboscados en los jardines de Méndez Núñez, respondieron con revólveres. Los incidentes se multiplicaron. Se desvió la procesión de los jesuitas para evitar los Cantones (aún así, cayeron algunas piedras sobre ellos a la altura de la plaza de Mina, y hubo carreras y pánico). Dejaron de circular los tranvías, se cerraron los comercios, se desplegaban tropas de Infantería. De un lado volaban piedras, por el otro se esgrimían sables. Llegó una nueva escuadra de guardias civiles galopando por Juana de Vega. 
En medio de esta confusión, Casares Quiroga se vio atrapado entre dos cargas, a la altura, según una fuente, “de la casa de Dans” (esto es, el ultramarinos que a partir de 1930 pasaría a llamarse Aniceto Rodríguez, en el Cantón), y un sablazo en la cabeza lo dejó en el suelo, inconsciente. Algunos de sus acompañantes lo llevaron a una farmacia para cercana para asistirlo, después de lo cual pudo ir a su casa en la calle Panaderas.

Heridos
No fue el único herido de esta jornada, que poco a poco se iba calmando con la llegada de la noche. Siete manifestantes heridos, cinco según otra fuente, fueron atendidos en la Casa de Socorro próxima. El más grave era Enrique Tovar, trabajador de la fábrica de Tabacos al que un guardia de seguridad exaltado descerrajó dos tiros cuando estaba en el suelo, hiriéndolo en la pierna derecha mientras su sargento “trataba de contenerlo”. Un guardia, Aquilino Teijeiro, fue herido de bala en la calle Real cuando trataba de dispersar a un grupo. No hubo muertos.
Casares Quiroga se tomó la herida con filosofía (“No en una ni en dos ni en diez ocasiones, (…) me han detenido, me han conducido, me ha dado algún sablazo la Guardia Civil, y jamás, jamás, acudía posteriormente a quejarme, por que siempre era yo el que estaba fuera de la ley”), pero el golpe tuvo consecuencias para su salud y carrera política. En el pleno del 4 de julio de 1917 pide una licencia de un mes para “restablecer su salud” y se ausentó de la ciudad; no volvería . Perdiéndose, por tanto, los incidentes de la huelga general de agosto de ese año, que se saldó en A Coruña con represión militar y más de doscientos detenidos.

Enrique Carballo es autor del libro 
“A Coruña en la Primera Guerra 
Mundial”, de próxima publicación 
en Editorial Arenas

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