Reportaje | Sin novedad a bordo para los antidisturbios coruñeses

Unas lonas cubren los dibujos que decoran el crucero “Moby Dada”, amarrado en el puerto de Barcelona | efe

En medio de la conmoción provocada por el referendum catalán, destaca la anécdota del curioso barco donde la Secretaría de Estado ha alojado a los agentes antidisturbios de la Policía Nacional que tienen la misión de velar por el orden público. El casco del “Moby Dada” está adornado con los personajes de dibujos animados: Coyote, el pato Lucas y el canario Piolín. “Nadie lo llama por su nombre. Todos lo llamamos El Piolín”, comenta un agente de antidisturbios cuya base es A Coruña.


Él se encuentra allí con 120 compañeros, la mayor parte de los efectivos de antidisturbios coruñeses, y son los primeros en afear la decisión de la Secretaría de Estado de cubrir el casco con lonas ante la rechifla general que no dejó de provocas chistes en los medios de comunicación y las redes sociales. “No comprendemos por qué lo hicieron. Servía para quitar algo de hierro al asunto”, señala el policía.


Los equipos de A Coruña llevan cuatro días instalados en el curioso alojamiento que les ha buscado el Gobierno. “Es la primera vez que nos instalan en un crucero”, aseguran. Pero la verdad es que no se encuentran mal. Después de las denuncias de sindicatos como el CEP o el SUP cuya portavoz, Sandra Castro, criticaba la escasa comida y la estrechez, la Secretaría de Estado contactó con la naviera para que mejora la situación. “Antes nos daban lo que dan en un crucero: Colacao, croissant y agua. Ahora tenemos bufé libre”, aseguran. Tampoco la protesta de los estibadores, que se niegan a aprovisionarles, ha provocado una carestía en al comida, aunque nada pueden hacer contra las camas demasiado cortas para acomodar a algunos agentes que miden hasta dos metros que, además, llevan con ellos un cascos, chalecos y el resto de su equipo.


A bordo del crucero, y de su gemelo el “Rhapsody”, hay también entretenimiento: sala de cine, casino y piscina y los antidisturbios se entretienen así o haciendo ejercicio en la comisaría cercana, porque entre los miembros de la Unidad de Intervención Policial (UIP), el culto al cuerpo es la norma, así que “El Piolín” alberga estos días unos cruceristas muy distintos a los habituales padres acompañados de su retoños.
 

Como la kale borroka
Pero mientras que a bordo todo está tranquilo, en tierra la situación se caldea cada vez más. “Hace dos meses ya estuvimos aquí y entonces podías pasear por la calle sin uniforme. Ahora es imposible, por el clima de hostigamiento”, denuncian los agentes. No es que sea algo novedoso para los antidisturbios, porque su labor les convierte en los policías menos simpáticos para el público, pero en esa ocasión, más que nunca, los oficiales insisten en recordarles el manual a los agentes: ”Aguantar como siempre improperios y provocaciones. La consigna es que retrasar la intervención lo más posible y que cuando llegue el momento, nadie se quede aislado. Como hacíamos contra la kale borroka”, explican


No es exactamente la actividad que suelen realizar los cruceristas cuando bajan a tierra pero sí es la que realizarán los antidisturbios por lo menos hasta el día cinco, cuando está previsto que su particular crucero toque a su fin, haya llegado la situación a buen puerto o no.

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