Campaña electoral sin prensa, igual a nada

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Cierto es que los periodistas tendemos a sobrevalorarnos. Pero permítame decir que creo que me ha llegado la hora de ensalzar el papel de los medios durante la pandemia: allí estaban, puntuales, cotidianos, los diarios de papel pese al cierre de muchos quioscos y a que el teletrabajo ha hecho que mucha gente tuviese que recurrir a otros medios para informarse. Y allí estaban, a veces heroicos, informando a sus radios, digitales y televisiones, micrófono en mano, desde hospitales y otros centros que todos tratamos de evitar, para contarnos lo que estaba ocurriendo.


No es cuestión, claro, de pedir homenajes, medallas ni reconocimientos: los medios, simplemente, cumplieron con su obligación. Y, desde luego, tampoco cabría excluir algunas autocríticas que puede que algunos periodistas merezcamos: para nosotros también era todo nuevo, desde las conferencias telemáticas del presidente no hasta la irrupción de mordazas en las redes o la falta de presencialidad que se nos imponía en las informaciones. Y todo eso, desde luego, ha influido quizá en lo que algunos decíamos o en cómo lo hacíamos, o ha facilitado que fuesen otros los que hiciesen el relato. Pero qué duda cabe: los medios tenían, teníamos, que estar allí para contarlo, conscientes de que, tras la vida y la integridad física, acaso la información sea el mayor bien que la persona puede reclamar. Digo todo esto al comienzo de la acaso más peculiar campaña electoral de la Historia: comienza cuando aún no existe plena certeza ni de la fecha en la que los electores acudirán a las urnas. Va a ser, desde luego, una campaña sin mítines o con actos presenciales muy reducidos... en los que los únicos que estarán allí, con sus mascarillas, además de los candidatos, serán los periodistas. Una campaña electoral sin prensa no es nada. Y hay muchísimo en juego esta vez como para que los medios dejen de involucrarse a fondo en contar y analizar lo que puede ocurrir en unos comicios tan enrarecidos, en medio de la mayor crisis sanitaria, pero también política, que recuerdan Cataluña y el resto de España.


Pues eso: que allí, o lo más cerca de allí que sea posible, estaremos los que podamos para contarlo. Como siempre. La vocación de los medios por ejercer su función es más fuerte que cualquier virus. No, no somos héroes, ni superhombres o supermujeres: simplemente, periodistas que sabemos que, si no lo contamos nosotros, otros lo harán de manera más sesgada, peor. Y a veces ya lo hacen, aprovechando cualquier resquicio.


Campaña electoral sin prensa, igual a nada