Milicia Gráfica y Atlántica sirven vermú e impronta en bandeja

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Es una forma de acercar la galería al que no se atreve a dar un paso al frente y entrar. Atlántica y Milicia Gráfica les servirán este sábado a partir de las doce del mediodía un vermú a los valientes que se atrevan a colarse en el centro de arte y participar en un taller donde descubrirán la “impresionarte”. 
El ilustrador Javier de la Rosa asegura que el artefacto, además de retrofuturista, es increíble. Se trata de una especie de impresora con ramificaciones. De cada una pende un sello de caucho y así hasta 20, diez con textos y diez con imágenes. La idea girará en torno a la construcción de un libro poético a fuerza de combinar distintas palabras con tipografías variables e iconos que uno irá colocando al gusto a lo largo de las páginas. 
A su vez, en “Vermuart” se rodearán de 40 piezas, las que el colectivo Milicia Gráfica ha querido rescatar de estos tres años en A Coruña para la muestra “Entre cartones, madera y óxido”: “Queremos romper el hielo y que la gente termine entrando”. Cuenta De la Rosa que los que se acerquen se llevarán debajo del brazo un cuadernillo personal e intransferible. Para apuntarse, basta con ponerse en contacto con Atlántica. 
En este sentido, además de darle alas a la imaginación, los que participen podrán contemplar una colección de collages donde el cartón es un elemento importante junto con óxidos y maderas. Después de recoger materiales en ciudades como Madrid, Barcelona o Nueva York, las últimas remesas hablan de atlántico y de lo que el mar escupe a la orilla. Tesoros bañados de salitre que la pareja incorpora.

juegos de palabras 
Y es que las dobles lecturas entran en  creaciones donde una caja pasa de ser “frágil” a gritar “no me llames frágil” y entre tanto, la poesía llama a la puerta igual que lo hará el fin de semana entre todos los que manejen la impresora de los sellos. Con ella quieren homenajear también a Gutemberg. 
Por eso, ponen sobre el tapete todo tipo de letras para que entren a bailar en un sarao donde unos y otros se quitarán el corsé. Junto a las ilustraciones, en la entrada de Atlántica se puede ver una pequeña escultura de madera que ya se paseó por programas como “Alaska y Segura” en plan mascota. Se titula “Cantaor ronco y guitarrista manco”. 
La obra da la bienvenida a un microuniverso, en el que a partir de dibujos, se escanean logotipos y los carteles son un compendio de todo. Con un mensaje que el espectador va descifrando a poquitos y música en directo.
A golpe de tapones o corchos, ellos construyen el cuento que unas veces habla de inmigrantes que llegan a la costa o de los que mueren faenando y otras se convierte en juego de palabras con el nombre de marcas o flechas que dan indicaciones de cómo abrir los contenedores. De esta forma, el embalaje es la base de un pastel que se customiza con lejía desteñida y crebas. Se alimenta de resaca y, por supuesto, de retranca.

Milicia Gráfica y Atlántica sirven vermú e impronta en bandeja