Estudian si Blesa y Rato son culpables de un agujero de 15 millones en Caja Madrid

27 septiembre 2016 página 32 / 29 septiembre 2016 página 33 Former International Monetary Fund chief Rodrigo Rato (L) sits in court next to former Caja Madrid chairman Miguel Blesa at the start of a trial in which some 66 executives and form
|

Tras casi cinco meses de procedimiento y 26 vistas, el juicio de las tarjetas black quedó listo para sentencia el jueves dejando en el aire la cuestión que ha enfrentado a defensas y acusaciones durante todo el procedimiento sobre si las visas se entregaban para gastos de representación o bien formaban parte del salario de los beneficiarios.
El tribunal de la Audiencia Nacional que sentó en el banquillo de los acusados a Miguel Blesa, Rodrigo Rato y otros 63 ex altos cargos y consejeros de la caja extinta encara ahora la redacción de la sentencia que resolverá si los encausados cometieron delito continuado de apropiación indebida y administración desleal por haber empleados unas tarjetas a las que cargaron 15 millones de euros entre 1999 y 2012.
De acuerdo con la versión aportada por el fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón, y las acusaciones, predominó una actitud “depredadora” de “pillaje y rapiña” por parte de los que recibieron esta visa a su llegada a la entidad por haber hecho todo tipo de gastos personales (safaris, ropa de lujo, menaje de hogar y restaurantes) durante el tiempo que estuvieron en la caja e incluso hasta varios meses después de abandonarla.
Versión que dista de la que dieron los acusados durante su interrogatorio ante las partes y luego sus abogados, que defienden que era un sistema heredado –fue creado bajo la presidencia de Jaime Terceiro el 24 de mayo de 1988–, conocido en el sector financiero, transparente a efectos fiscales y con carácter retributivo. También se hicieron eco de la disputa protagonizada entre Bankia y el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), ambas acusaciones del proceso, y que se presentaron ante el tribunal que presidió la magistrada de la Sala de Lo Penal, Ángela Murillo, como las auténticas damnificadas por una práctica que, según alegan, degeneró con la llegada de Miguel Blesa a la presidencia de Caja Madrid, en 1996. El procedimiento, uno de los más mediáticos que se recuerdan en los últimos tiempos por el escándalo que salpicó al sistema financiero, terminó el jueves sin que los principales acusados hicieran uso del derecho a la última palabra, que sí empleó el exministro socialista Virgilio Zapatero para reivindicar su inocencia y exponer que él actuó de buena fe en el uso que hizo de su plástico.
“Nada que añadir, señoría”, fueron las últimas palabras pronunciadas por los expresidentes de Caja Madrid en el juicio, que además supuso “la muerte laboral” y un “viacrucis” para los encausados. El estallido del escándalo en 2014 tras revelarse un correo confidencial a Miguel Blesa provocó un antes y un después en la vida de los 65.
Sus defensas no quisieron dejar pasar por alto la repercusión mediática que tuvo la difusión de la prueba pericial estrella de Bankia, la hoja Excel con todos los gastos de los usuarios, y denunciaron que se habían cortado cabezas con una condena anticipada. Para la entidad que preside Ignacio Goirigolzarri, por contra, se trata de un documento veraz que prueba en qué se gastaron el dinero cargado a las tarjetas.
Las declaraciones que más expectación suscitaron fueron las de Miguel Blesa y Rodrigo Rato. 
Los dos expresidentes de la caja extinta explicaron ante el tribunal que se trataba de un sistema común el sector financiero y que creía que los gastos los declaraba la entidad a Hacienda, por lo que los supervisores estaban al corriente de la práctica.
Aunque no todos los acusados coinciden en la descripción de las tarjetas y la finalidad de las mismas (algunas no tenían PIN ni tampoco tenían acceso a los extractos), sí exponen en su mayoría que se trataba de unos plásticos de carácter remuneratorio, con límite mensual y que podían emplear hasta incluso varios meses después de abandonar Caja Madrid. n

Estudian si Blesa y Rato son culpables de un agujero de 15 millones en Caja Madrid