Varios comerciantes persiguen y reducen a un atracador de una joyería en los Olmos

los atracadores solo se llevaron las piezas más valiosas del escaparate de la joyería ragil patricia g. fraga
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El valor de cinco comerciantes permitió capturar a uno de los dos hombres que atracaron a las cinco y cuarto de la tarde de ayer la joyería Ragil, en el número 8 del General Mola, sin que los disparos que efectuaron con sus armas de fogueo consiguieran amedrentarles. Los empresarios mantuvieron al otro inmovilizado hasta que llegó la Policía, aunque su compañero logró escapar con el botín, compuesto por pulseras y gargantillas valoradas en miles de euros. Ambos son españoles y se sospecha que viven en la zona.

Los atracadores habían entrado en el local pocos minutos después de las cinco de la tarde, cuando los negocios acababan de abrirse al público. La calle del General Mola desemboca en la calle Real y, a pesar de su pequeño tamaño, alberga cuatro joyerías. Los dueños de estos locales suelen retirar sus piezas más valiosas de los escaparates del mediodía para volver a colocarlas cuando abren de nuevo, a las cinco. En ese momento, entraron dos hombres, que los testigos describen como de cuarenta años. “Ambos llevaban unos gorros con orejeras. Me pareció raro que lo tuvieran los dos, pero no le di mucha importancia”; comentaron en la joyería Olmos.

Sin embargo, fueron estos dos sujetos los que entraron en la joyería Ragil y amenazaron a los dependientes con dos pistolas para robar varias pulseras y gargantillas que se encontraban en el expositor superior del escaparate. Las víctimas creen que habían estado controlando la zona, porque se llevaron las joyas más valiosas y rápidamente emprendieron la huida hacia la calle de la Galera, siendo perseguidos por una de las dependientes.

 

¡Al ladrón!

“Gritaban: ¡Al ladrón, al ladrón!”, recuerda desde su estanco Luis Poncet. El dueño de la joyería Olmos, en la esquina de las dos calles, vio a los ladrones pasar por delante de su puerta y no se lo pensó dos veces: se lanzó en su persecución. Sus empleados destacaban el valor de José María Gil, su jefe: “Es algo que si te preguntan si volverías hacer, dices que nunca”. El aludido se limita a asegurar con humildad que “el momento me cogió así”.

Aunque se considera bastante “cobardica”, no vaciló cuando los atracadores descerrajaron sus armas. “Uno de ellos disparó hacia adelante, mientras seguía corriendo. Pero su compañero, que iba un poco más lejos, se giró y me apuntó”. Gil vio como apretaba el gatillo, pero a pesar del estruendo del disparo, resultó ileso: “Todavía no sabía que eran pistolas de fogueo, pero me lancé y cogí a uno de ellos”. Se abalanzó sobre él cuando ya estaban en la calle y acabaron los dos por los suelos. El delincuente le golpeó con la culata de su arma simulada varias veces, lo que le provocó cortes en la cara. En ese momento recibió la ayuda de otros comerciantes y empresarios de la zona: Poncet, el dueño del hostal Mara, el de Discovery Music y el de Foto Blanco.

Este último tenía una barra de hierro con el que golpeó en la mano al atracador, pero fue Poncet el que lo desarmó. “No quería soltar la pistola y yo estaba muy furioso. Me costó muchísimo contenerme y tuve que retorcerle para que la soltara”. Al final lo consiguió. Mientras tanto, Gil regresaba tras haber perdido de vista al segundo atracador.

Sin embargo, fuentes de la Policía Nacional señalan que la descripción que dieron los testigos encaja con un delincuente habitual de la ciudad, y las autoridades confían en conseguir arrestarle pronto.

Varios comerciantes persiguen y reducen a un atracador de una joyería en los Olmos