Una “nueva normalidad” que la ciudadanía asume como “transitoria”

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Las que comenzaron siendo medidas necesarias para contener los contagios se están consolidando como normas de socialización marcadas por la distancia mínima entre personas que aconseja la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero los expertos insisten en que la ciudadanía las asume como “transitorias” y que, al menos de momento, no acabarán con un modelo cultural determinado por el contacto físico que coarta el Covid-19.

Raquel Martínez Buján, del Departamento de Sociología y Ciencias de la Comunicación de la Universidad de A Coruña sostiene que “poco a poco, la ciudadanía se ha ido acostumbrando” pero, lejos de distanciarnos, si algo está demostrando esta crisis es “la capacidad que, como sociedad, estamos teniendo para afrontar esta situación”, convencidos de que “cuanto más nos aislemos más nos protegeremos y más rápido lo superaremos”, comenta Raquel Martínez Buján.

Porque es lo mismo la distancia social impuesta como medida de salud pública que la distancia social como concepto que analiza la Sociología. “Otra cosa sería –matiza– que esto se prolongase durante diez años, ya que entonces lo acabaríamos incorporando a nuestro día a día, a nuestras relaciones interpersonales”, añade la experta de la UDC.

Por otra parte, los sociólogos advierten de las desigualdades existentes a la hora de asumir los nuevos hábitos, donde interfieren factores económicos y sociales, teniendo en cuenta que los materiales de protección pueden ser costosos, y generacionales, pues mientras “los mayores están cada vez más concienciados”, a los adolescentes “les cuesta un poquito más” porque están en una etapa en la que “las relaciones interpersonales suponen la base se su estructura”, en la que “es posible que non vean casos entre iguales”, en la que “la enfermedad y la muerte se antojan todavía lejanos”, señala Raquel Martínez.

En el caso de los mayores, aunque han demostrado una enorme responsabilidad, “el alejamiento físico a su edad es especialmente duro”. En cuanto a los niños, “han sido ejemplares”, en parte por la “protección de sus padres”, pero “también lo han pasado mal porque han estado mucho tiempo sin socializar y lo necesitan”.

Una “nueva normalidad” que la ciudadanía asume como “transitoria”