El acusado de matar a un hombre en Padre Rubinos asegura que sufrió un brote esquizofrénico

El acusado, durante el juicio | pedro puig
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La defensa trató de centrarse en el estado mental del acusado, alcohólico, consumidor habitual de hachís y con trastornos psicológicos. De hecho, recibía una pensión por esquizofrenia paranoide en Inglaterra, donde residió muchos años. “Fue un ataque de ‘esquizo’”, aseguró el acusado, que se declara inocente por motivos mentales. 
El fiscal, que pide 17 años de prisión, recuerda que J.M.L.C. tomó alcohol y drogas a pesar de que no podía hacerlo porque era incompatible con la medicación, y que él lo sabía. También exhibió el largo historial delictivo del acusado en Inglaterra, que incluye hurtos, desórdenes, agresiones a policías, tráfico de drogas y tenencia de armas de fuego. 
La sesión comenzó con el visionado de las imágenes recogidas por las cámaras de seguridad en que se veía cómo apuñalaba a la víctima de etnia gitana, antes de marcharse tranquilamente, mientras un tercer individuo se desmayaba a la vista de la sangre y otro testigo, también indigente, trataba de auxiliar al fallecido. Dicho testigo fue uno de los que prestó declaración ayer, junto con dos asistentas sociales,  y aseguró que no medió ninguna provocación. “¡Me has matado, hijo de puta!”, recuerda que exclamó el agredido antes de morir.
Alcohol y lagunas mentales 
La mayor parte de la sesión se centró en determinar qué había hecho el acusado durante aquel día. En varios momentos, el testimonio del acusado resultó confuso, o simplemente no pudo ofrecerlo por lagunas en su memoria, algo que el fiscal le reprochó: “No recuerda que lo mató pero sí cuanta cerveza tomó”. Al parecer, el acusado había estado bebiendo en un parque una cantidad de cerveza de entre cuatro latas y dos litros antes de dirigirse a las instalaciones de Padre Rubinos. 
Una de las asistentes sociales que declaró confirmó que el acusado tenía prohibido pernoctar allí después de que saltara la valla que rodea el recinto en varias ocasiones. Aquel día acudió a las oficinas para solicitar una documentación, que no pudo obtener porque no tenía los papeles necesarios. La asistente social asegura que no percibió signos de que estuviera borracho, aunque el indigente que declaró aseguró que estaba “colocado”. 
En todo caso, el vasco se acercó a la víctima, que estaba fumando en el patio, intercambió unas palabras con él (algo que no recuerda) y sacó una navaja con la que le apuñaló. Luego se dio media vuelta, la guardó en el bolsillo y se fue. Asegura que cuando se dio cuenta de lo que había hecho no regresó por temor a la familia de la víctima.

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