Desconexión antes de la hora

Schär, que marcó el segundo gol del Deportivo, lucha por el balón con Luis Hernández | alfaquí
|

El Deportivo regresa alicaído de Málaga. Esta vez, al contrario de lo que había pasado en Las Palmas, querer cerrar el partido le costó los tres puntos. Tenía el marcador a favor cuando quedaba media hora para la conclusión del choque y entonces entró Mosquera para amarrar el triunfo. El equipo cedió el control del choque, perdió la banda derecha, por donde había generado gran parte de su fútbol, y regresaron los problemas defensivos para volver de vacío de un campo que se atraganta desde la época de Irureta como técnico blanquiazul. Además, perdió a Guiherme, Luisinho y, tal vez, a Sidnei para la siguiente cita de la temporada.
En La Rosaleda pasó lo que ningún deportivista quería que pasara, lo que cualquier malagueño habría deseado. El Deportivo desperdició la oportunidad de enlazar su segundo triunfo a domicilio (lleva más de dos años sin conseguirlo); de confirmar el cambio de rumbo que había empezado en Las Palmas y continuado, aunque con derrota, ante el Atlético; o de dejar a un rival directo a diez puntos y muy tocado. En definitiva, otra vez se dejó puntos en el camino, se convirtió en el mejor medicamento para un equipo deprimido (no gana a un colista desde 2009), y se alejó de esa tranquilidad que parecía asomar cuando Schär completó en los primeros diez minutos del segundo periodo una remontada que podía haber sido balsámica para el equipo de Cristóbal Parralo.

El técnico dejó la portería en manos de Rubén tras superar la lesión en el pulgar de la mano derecha que le dejó dos meses y medio en la enfermería. La herida en la portería blanquiazul tardará aún más en cicatrizar, pero queda claro que el de Coristanco es el guardameta de la plantilla que mayor sensación de seguridad transmite. Y eso que se llevó tres tantos para un total de ocho en contra en tres partidos disputados.

La otra novedad del once fue la presencia de Gerard Valentín en el puesto del lesionado Juanfran. Pese a ser su primer partido como titular en la máxima categoría (solo había tenido unos minutos con Mel), el catalán sumó en ataque, sobre todo en el segundo periodo, y estuvo razonablemente decente en labores defensivas, pero se vio involucrado en los dos últimos goles: el primero porque ni él ni Schär fueron capaces de desviar el balón que remató Chory; y en el segundo, porque habilitó la posición legal de Borja Bastón. El Deportivo volvió a encajar en el primer cuarto de hora y en el último. Una tónica que le lastra demasiado esta temporada. No encuentra el remedio.
Había empezado el partido el Málaga con nervios, con imprecisiones, como quería el Depor, hasta la primera laguna defensiva de los coruñeses a los 14 minutos de juego. Un saque de esquina al poste largo encontró a todos los jugadores pendientes del primer palo. Cuando Bakkali se percató, el venezolano Rosales ya había empalado el balón, que entró ajustado al poste derecho de la portería de Rubén.
A pesar del mazazo, la mejor noticia fue ver al Depor en pie, con garra, manteniendo la idea inicial, con la presión alta, fiel a la filosofía que pretende hacer calar Cristóbal en el vestuario.
Lejos de descomponerse, el equipo emergió y los acercamientos de los malagueños acabaron en los guantes de Rubén. Había portero.

Borges, con libertad para crear, se asoció con Cartabia y Bakkali, desde la otra banda, no dudó en finalizar jugadas. El Málaga también tenía portero y Roberto desvió con las manos y el pie el primer intento serio de los coruñeses por cambiar la decoración del partido.
El segundo acabó en la red. Volvieron a tejer Cartabia y Borges y Lucas Pérez cabeceó perfecto el centro medido del ‘tico’. El equipo se había levantado.
Fueron momentos de sensaciones positivas. Funcionaba todo. La portería, la zaga, el medio, la delantera. Había equipo, mimbres, ilusión. No se perdió ni con las ocasiones del Málaga en los últimos instantes del primer periodo ni con el cambio de Albentosa por Sidnei, lesionado.

Al contrario, ese positivismo lo afianzó Schär en los primeros minutos del segundo acto. Robó en campo propio, se apoyó en Borges, este sirvió para que Lucas se plantara solo ante Roberto, el portero rechazó el cuero en el mano a mano y en el área apareció el elegante central para estrenarse como goleador.
De la alegría, la euforia incluso, a la decepción se pasó en pocos minutos. Cristóbal repitió los planes de Canarias, pero en Málaga fracasaron. Entregó el partido a los andaluces con el cambio de Cartabia, que arrastraba molestias, por Mosquera. El Málaga empató de inmediato. Después, el míster rehizo al equipo con Çolak. Funcionó unos minutos, hasta que Borja Bastón se labró su venganza.

Desconexión antes de la hora