“No hay nada mejor que la risa para tratar cosas importantes”

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“Pánico” sembrará miedo en mayúsculas este viernes a las 20.30 horas en el teatro Colón con la seguridad que reporta haber conseguido el aplauso por media Europa. Y es que su director Quino Falero cuenta que la adaptación de Fernando J. López del texto del finlandés Mika Myllyako se ha representado por muchos países, pero es la primera vez que los tres hombres protagonistas destapan sus emociones en España: “Viene precedida de mucho éxito porque sabe conectar con la sensibilidad de nuestra época”. La obra habla de los sentimientos que mastican tres amigos, “con más reparo a abrirse porque somos más inexpresivos generalmente”. 
En este caso, ellos se sinceran sin culparlas a ellas, algo que en otras creaciones se mastica demasiado. Son los hombres frente a sus problemas, sin más, bañado todo de comedia porque “no hay nada mejor que la risa para tratar las cosas más importantes y sacralizar determinadas cuestiones, sacarles partido y el autor consigue que nos riamos”. “Pánico” se estrenó el 18 de marzo en Avilés. El director cuenta que allí una señora le comentó que “les extrañaba ver a hombres hablando de sus emociones. Me dijo que nos habían educado para ser fuertes, que nos habían engañado”. 
Lo cierto es que el papel que desempeñan Mon Ceballos, Felipe Andrés y Guillermo Ortega choca. Porque si Mon se enfrenta al miedo cuando ve la posibilidad de fracaso, Felipe lo tiene en el momento en que pone un pie fuera de su círculo: “Es una persona asocial después de vivir un desengaño”. Por último, el personaje de Guillermo es el detonante que le hace al resto pararse y pensar sobre sus temores porque su pareja le pide un estudio de introspección para decidir qué hacer y “no sabe a qué se refiere”. Por eso, le pregunta a sus dos colegas, que también lo desconocen y entre los tres desatan el pánico, que es el resultado de sumar varios miedos entre sí. 
Quino asegura que el equipo es estupendo. Que se han divertido con distintas situaciones cómicas y que solo espera que todos se lleven a casa el mismo ejercicio que realizan los tres sobre las tablas: “Cada uno el suyo”. Y es que en esa tendencia a dejarse llevar, la sociedad peca de no ser reflexiva. Le falta autocrítica y en este sentido, la batuta de la función anima a acudir al teatro porque se ponen sobre la mesa los sentimientos más potentes, el amor y el miedo y la sensación de vértigo a los cambios, “que normalmente nos deja petrificados”, provoca el análisis. Un mirar atrás tan necesario como justo para continuar caminando sin peso innecesario, solo con la certeza de que uno va por el sendero correcto o, por lo menos, por el que más le motiva.

“No hay nada mejor que la risa para tratar cosas importantes”