
En esto de fabricar ficción animada, a Alberto Vázquez le encantan los principios. Enfrentarse al papel en blanco y jugar con los personajes. Hacerlos tiernos o sombríos. Afilados. Para su nueva película, “La guerra del unicornio” construirá un conflicto entre esos equinos de fantasía que tanto se llevan y los osos de peluche que pueblan las camas de los más pequeños.
“Son procesos largos” y por eso, aunque está en la fase preprodución, calcula que su guerra particular no saldrá en pantalla hasta dentro de dos o tres años.
De momento, solo sabe que será una coproducción internacional entre la firma gallega Chelo Loureiro y una francesa, y que seguirá su línea de trabajo aunque “gráficamente habrá cambios”.
“Apocalypse now” y “Bambi”
Su largomentraje será una mezcla entre “Apocalypse now” y “Bambi”, algo desconcertante y una guerra externa e interna a la vez porque la batalla se lidia también por dentro, en el corazón de dos hermanos mellizos que se internan en el bosque y están “obligados a sobrevivir”. Además, el coruñés compagina la tormentas de ideas de la peli con la de un siguiente cortometraje “Homeless home”, “una historia que se desarrolla en una especie de tierra media como ‘El señor de los anillos’, con orcos, brujas y trolls” y el triángulo amoroso que dibuja se forma precisamente con una mujer de nariz con verruga, un monstruo y un orco, los tres “en crisis existencial”.
Bizarrismo
Así que lo intimista hace pareja con personajes bizarros en ese juego de contrastes que tanto le gusta al dibujante y a la butaca, que aplaude cada nuevo trabajo de Vázquez. Y es que hasta ahora casi todos los protagonistas derrochaban glucosa, “eran dulces y tiernos, pero rodeados de un trasfondo negativo”.
Los del corto son muy siniestros, advierte, pero el escenario que les rodea es más amable. Dice que en un año puede estar listo. Para “La guerra del unicornio”, los espectadores tendrán que esperar algo más”.
El que tiene tres Goyas en la estantería por “Birdboy” en 2012, y “Decorado” y “Psiconautas”, el año pasado, asegura que los premios le dan un empuje a la hora de saltar los Pirineos: “Fuera puedes optar a más cosas, pero aquí sigo teniendo los mismos problemas de financiación. Algo te facilitan las cosas, pero las cosas siguen costando”.











