Una vecina de Meicende insiste en que se investigue el “robo” en 1984 de su hija

T.G.L., con su marido, antes de quedarse embarazada
|

  El año pasado T.G.L. acudió a los juzgados para denunciar el supuesto robo de su hija recién nacida en 1985. El magistrado desestimó el caso por la falta de pruebas, así que, esta vecina de Meicende pidió más documentación y revisó la que tenía. En ese momento, se percató de que el año del alumbramiento era 1984 y que parte de los informes que tiene, hacen referencia a un aborto que coincide en el mismo mes de distinto año, y de ahí la confusión. Por ello, decidió a principios de este mes volver a reclamar a la Justicia que investigue el caso.

“Voy a ir a por todas y adonde haga falta”, afirma convencida de que hace 28 años su bebé “nació vivo y sin problemas” y que el fallecimiento que se recoge en la cartilla sanitaria “es una mentira”. Explica que en la primera denuncia se equivocó en las fechas porque en 1984 ya había tenido un aborto antes del parto del 6 de noviembre, en el que dio a luz a una niña que pesó 1,86 kilos y que parte de la documentación recoge que murió a las 24 horas.

No obstante, un año después, tuvo otros dos abortos, uno en mayo y otro en noviembre. Además de esta confusión en las fechas, T.G.L. reitera sus dudas sobre lo que ocurrió aquel 6 de noviembre entre las dos y las tres de la tarde.

“Di a luz en el Juan Canalejo y cuando la niña nació no me dejaron verla, se la llevaron envuelta en un paño”. Cuando su marido y su cuñado pudieron ver a la recién nacida en el nido, “estaba normal, sin ningún problema y no le tenían oxígeno”.

En el expediente facilitado por el hospital en cuestión, se especifica que el bebé falleció por inmadurez, lo que le provocó una insuficiencia respiratoria que le llevó a la muerte a las 20 horas. Además, se relata también que la placenta pesaba unos 500 gramos.

“Pero en el quirófano dijeron que la placenta pesaba 900 gramos”, rememora esta vecina que añade que una vez que el equipo sanitario cogió a la pequeña, le tomaron las huellas del pie y los apellidos de los padres.

 

Sin registro > A pesar de que se identificó al bebé, la madre se exaspera porque en el Registro Civil no aparece. Solicitó la información a la entidad y le respondieron que “examinados los legados de criaturas abortivas de este Registro Civil, no existe ninguna declaración ni parte de alumbramiento correspondiente a T.G.L., cuyo alumbramiento se dice ocurrido el 6 de noviembre de 1984”.

A la falta de este papel oficial, esta vecina continúa con los aspectos que le parecen sospechosos. De este modo, asegura que nunca le dejaron ver a su hija “ni viva ni muerta”. A los minutos de dar a luz, un médico le dijo que “no contase con ella, que venía muy malita”, rememora. Trasladada del quirófano al pasillo, el único doctor del que se acuerda, le recriminó “por qué lloras, si tú no la querías”, con lo que, tal y como reza la denuncia, considera que el médico la podría haber confundió “con otra persona”.

En este sentido, añade que en el hospital citaron al matrimonio para que acudiese al cabo de unas semanas, momento en el que se realizaría la autopsia al bebé. “Solo me dijeron que la iban a incinerar allí, en el hospital, para que no tuviésemos gastos, pero no hay ningún certificado” al respecto, lamenta esta vecina.

Haciendo memoria, también apunta que tanto su madre como su hermana tuvieron dos partos en el que el bebé nació muerto y, en contra de lo que le ocurrió a ella, “se los dieron para enterrar”.

Aunque no fue hasta el año pasado cuando acudió a los juzgados para denunciar las posibles irregularidades en su parto, afirma que “nunca” creyó que la niña “hubiese muerto”. Décadas después, también argumenta como prueba que todo el personal sanitario que acudía a su habitación le preguntaba “qué había tenido y dónde estaba” el bebé, pero “esa información tendría que estar en el expediente”.

Con todas las dudas que tiene asegura que no cejará en su empeño por descubrir la verdad sobre lo que sucedió en torno al nacimiento de su hija.

Una vecina de Meicende insiste en que se investigue el “robo” en 1984 de su hija