Carlota Corzo exporta su surrealismo a Guatemala

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La coruñesa Carlota Corzo llevó en agosto su surrealismo a Guatemala, un país que le cautivó en el mismo momento en que puso un pie y del que se llevó una paleta de colores para seguir alimentando su impronta de vuelta. La estudiante de Bellas Artes afrontará así su último curso de carrera en Madrid con las pilas cargadas y la intención de llevar la misma exposición a su ciudad.
“Vistas cruzadas. La vida a ambos lados del Atlántico” conjuga la fotografía de su excompañero de pupitre Juan Diego Molina y la pintura de la joven. El primero ofrece en fotografías su visión acerca de la cultura española y Carlota traza con su pincel composiciones inspiradas en las cultura maya donde lo surrealista se pasea con lo figurativo y aparecen en escena personas con fondos que descolocan. Llenos de color.
En este sentido, la coruñesa no se cierra en banda a la pintura y coquetea desde su estancia en el tercer curso en Grecia con la fotografía. Es más, dos de sus instantáneas se colgaron en Atenas y Tesalónica y estos días apura sesiones en A Coruña porque “si solo te centras en una cosa, se te corta la imaginación”. El hecho de picar de una y otra manifestación artística “te permite dar con distintas soluciones para resolver un problema”.
De esta forma, depende de por dónde se mueva la inspiración, Carlota aplica un arte u otro, “según me da”. El resultado se pudo contemplar también en el Club de Leones al que hizo una donación y en la Asociación de Artistas.

exposición
Su idea es exponer lo hecho para la Alianza Francesa en Quetzaltenango (Guatemala), para que sus paisanos aprecien su talento en el propio terruño. Del país latinoamericano, Carlota solo tiene palabras bonitas. Sobre los amigos y familias con los que convivió en esas dos semanas y de su geografía en particular. Teñida de tonalidades diferentes.
Para la artista, “Guatemala está muy poco explotado” y podría ser una tierra perfecta para realizar ecoturismo, una alternativa para sacar de la pobreza a mucha gente que malvive en ese punto del planeta. Del 18 de agosto al pasado 8 de septiembre, sus piezas respiraron entre esa explosión colorista dentro de una trayectoria que solo acaba de arrancar. Y es que con 21 años, a la joven le queda toda una vida por delante para engordar su pincel de buenas ideas.

Carlota Corzo exporta su surrealismo a Guatemala