Galeano, el uruguayo que se ató al cuello el pañuelo de los zapatistas

El escritor uruguayo Eduardo Galeano. EFE/Archivo
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Contaba Eduardo Galeano que una gran aportación del subcomandante Marcos ha sido inyectar sentido del humor al discurso de la izquierda. El líder del movimiento zapatista hacía reír al escritor uruguayo y también reflexionar sobre un movimiento que él siempre vio con esperanza.

"Me enseñó el Viejo Antonio que uno es tan grande como el enemigo que escoge para luchar y que uno es tan pequeño como grande el miedo que se tenga". Era 1995, en los albores del movimiento zapatista, cuando el subcomandante le escribió -"porque me dieron ganas de escribirle", dijo- una carta al uruguayo, fallecido ayer a los 74 años en Montevideo.

Marcos llamaba al escritor a contar y hacer suyas las historias de ese tal Viejo Antonio (uno de los mitos inspiradores del líder zapatista) que le había recomendado: "elige un enemigo grande y eso te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque si él se crece, tú te harás pequeño".

"A partir de esa carta (la frase) me ha acompañado siempre y la repito a la menor provocación porque me parece estupenda", confesaba Galeano hace un tiempo en una entrevista en la que aseguró que nunca le había visto la cara al mito del pasamontañas, pese a los varios encuentros que mantuvieron.

Y también pese a la admiración que el guerrillero le profesaba. En una entrevista que acabó transformada en el libro "Corte de caja" (2008) de la periodista Laura Castellanos, Marcos confesaba que la figura literaria latinoamericana que más admiraba era precisamente el uruguayo.

Pese a que "Las venas abiertas de América Latina" (1971) ha sido una de sus más grandes obras y un libro fundamental para el pensamiento de los movimientos de izquierda de la región, al subcomandante le marcó "Memoria del fuego", que considera una "joya de la literatura y una de las más hermosas lecciones de historia de América Latina", apunta en dicho texto.

Galeano (Montevideo, 3 de septiembre de 1940) estuvo muy cercano desde los comienzos al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que el 1 de enero de 1994 se levantó en armas en el suroriental estado de Chiapas para luchar contra la marginación de los pueblos indígenas.

"Era un referente para los zapatistas y una persona íntegra y comprometida con los pueblos de América Latina. Siempre tuvo un lugar muy especial para los zapatistas y él correspondió con su presencia en varios eventos", dijo hoy a Efe el antropólogo Gaspar Morquecho, especialista en temas de la guerrilla, quien ha convivido en varios momentos con el subcomandante.

Dos años después del surgimiento de la guerrilla, Galeano participaba en el Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, en el que se unieron más de 3.500 activistas e intelectuales de 30 países. En aquel entonces, el uruguayo confesaba a Efe que sentía que era el "movimiento de la esperanza".

"El zapatismo nace a partir de la necesidad de generar un espacio de encuentro entre los humillados de esta tierra", decía entonces el escritor, quien señaló que en la medida en que evolucionó el movimiento se convirtió en la "caja de resonancia" del clamor mexicano por democracia y justicia.

Pese a que con los años la fuerza del movimiento ha quedado diluida, Galeano no se quitó nunca el paliacate (el pañuelo tradicional de los zapatistas) del cuello, el cual ha lucido en algunos actos públicos.

En abril de 2009 se dirigía a un grupo de alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) diciendo que el zapatismo "es una lucha universal".

"Zapatistas somos muchos en todas partes, aunque no sepamos que lo somos. Todos los que actuamos movidos por la voluntad de belleza", apuntaba.

En aquella ocasión, Galeano decía que el EZLN trajo además "la novedad del sentido del humor, que era totalmente ajeno al sentido de la izquierda tradicional. "Le agradezco a Marcos que me haga reír. A partir de él, las cosas han cambiado en la materia y la izquierda no tiene tanto miedo de ser divertida".

Hace un año, el subcomandante Marcos anunciaba que dejaba de existir y que renacía con el nombre de "Galeano", en honor a un compañero recientemente asesinado, José Luis Solís Sánchez.

"Pensamos que es necesario que uno de nosotros muera para que Galeano viva", escribía entonces. Siempre rodeados de misticismo, no ha podido confirmarse algo que parece evidente y que el historiador Adolfo Gilly aseguraba en una carta pública dirigida precisamente al escritor uruguayo.

"El maestro José Luis Solís López tenía un seudónimo, un apodo, un nombre por el cual lo conocían: se llamaba Galeano", recuerda Gilly, "no sé, no he sabido por qué escogió ese nombre. Pienso, Eduardo, que fue por vos y en recuerdo de tu paso por Chiapas y tus escritos latinoamericanos".

Galeano, el uruguayo que se ató al cuello el pañuelo de los zapatistas