La ciudad celebra el nuevo año sin incidencias y con pocas “barras libres”

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Dice el refranero popular que a las noches alegres, lo que le sigue son siempre mañanas tristes y la madrugada del primer día del año no fue una excepción. La ciudad amanecía como cada 1 de enero como si entre confeti y serpentina se lidiara una verdadera batalla campal.
Y si en las zonas de marcha, los cristales de las copas que murieron en plena exaltación de la fiesta se entremezclaban con restos de cotillón, la basura amontonada en los contenedores salpicaba de suciedad cada barrio hasta el punto de que entre las bolsas se asomaban cabezas de camarones y langostinos y uno podía adivinar el menú de muchos hogares –con vino incluido– en un solo barrido.
Por otro lado, muchos jóvenes rompían al mediodía el silencio propio de un lugar que ya dormía la resaca y se atrevían a retar al día robándole más horas de rumba y pandereta. Los últimos combatientes con corbata pululaban aún por las calles en medio del desbarajuste y se cobijaban en bares a disfrutar de una merecida recompensa. Lo habían dado todo. Tanto que muchas se bajaban de los tacones para conquistar la cafetería descalzas.
De esta forma, el chocolate con churros se convirtió un año más en la elección estrella de los que no dejaron de bailar hits durante toda la noche. A los que ya les faltaba menos de un telediario para poner un pie en casa y pasar al estado zen.
En calles como la Barrera o Juan Canalejo, los transeúntes tenían que caminar con cuidado de no pisar un cristal y los portales contenían pruebas evidentes de que por ahí había pasado el ciclón festivo. Los combinados aún por terminar abandonados a su suerte así lo evidenciaban. En una ciudad que decidió empezar 2014 a golpe de Raffaella Carrá y Manolo Escobar.

ausencia de sucesos
A pesar de la imagen caótica con la que se levantó A Coruña, desde la Asociación de Hostelería de A Coruña informaban de que no hubo que lamentar ninguna incidencia en el sector y que los coruñeses le daban la bienvenida al nuevo año sin sobrepasarse. En cuanto a sucesos, tampoco se produjeron salidas por parte de Bomberos y Policía Local, con la presencia, eso sí, de patrullas vigilando que todo estuviera en orden. Sin embargo, las peleas habituales de días en los que el alcohol pasa a ser un fatal aliado brillaron por su ausencia. En plena vorágine nocturna, la mayoría de locales de marcha abrieron como si de cualquier otro día se tratase ofreciendo los mismos precios a sus clientes y con un repertorio de canciones ajustado a una noche que pide siempre clásicos.
Cada vez fueron menos los negocios que ofrecieron barras libres debido a que la crisis dibuja una gran interrogante ante este tipo de eventos con entrada anticipada y las fiestas que se anunciaban hace años a bombo y platillo han dado paso, en muchas ocasiones, a convocatorias ilegales en las redes sociales. Este fenómeno se pudo observar en algunos bajos desocupados de la ciudad, que se alquilaron para reconvertirlos en pistas de baile. Además, muchos jóvenes optaron por la fórmula del botellón para abaratar costes y a excepción de los pases privados para los pubs de Los Cantones Village, que sí tuvieron gran aceptación, la mayoría de sitios de marcha prefirió no arriesgarse. En definitiva, A Coruña salió a festejar la entrada del nuevo año con baile y música, a la espera de que 2014 dé visos de esperanza.

La ciudad celebra el nuevo año sin incidencias y con pocas “barras libres”

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