La edición más atípica, pero a la vez esperada de Viñetas llega a su fin

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Hace unas semanas durante el acto de presentación, el director del salón internacional del cómic Viñetas desde o Atlántico, Miguelanxo Prado, ya apuntaba que esta había sido una edición atípica, ya que se tuvo que organizar varias veces, debido a la incertidumbre. Una incertidumbre de la que se era consciente ese mismo día y que se vio reflejada en la cancelación de las fiestas de María Pita.

Viñetas, tal y como contaba Prado hace ya dos semanas, estaba ya reducido, comparándolo con ediciones de otros años, y estaba planteado teniendo en cuenta todas las restricciones del Covid-19. Por este mismo motivo, los fans de las historietas estaban de enhorabuena cuando llegó la confirmación de que el salón del cómic se podría celebrar igualmente.

Por lo tanto, hace una semana se inauguraban las exposiciones, repartidas por el Kiosco Alfonso, la sala de exposiciones Salvador de Madariaga, el Palexco, el Palacio Municipal y la torre de Hércules; así como la ya conocida como rúa da BD, en la que editoriales y librerías contaban con un circuito de sentido único para poder a acoger a los más fervientes aficionados que querían hacerse con alguna de las novedades, para poder introducirse en realidades que nos hagan olvidar, aunque sea por un momento, la que nos toca vivir en la actualidad.

Lo de edición atípica no se queda en una versión reducida del evento, sino en algunas de sus ya características decoraciones. Uno sabe que Viñetas ha dado comienzo cuando Superman da la bienvenida en Alfonso Molina, Batman vigila desde el Banco Pastor o Asterix y Obelix hacen guardia en el Ayuntamiento. Pero esto también se vio modificado. Unos de los habituales a las puertas del Kiosco Alfonso son la familia Simpson o el Joker, que se volvieron a instalar en el entorno, pero no en la vía peatonal, ya que para evitar contactos y mantener la distancia social con los visitantes, se dispusieron en la pequeña fuente del kiosco.

Balance

Pero aún con todo lo que tenemos encima, Viñetas consiguió celebrarse, siendo así el primer certamen de este tipo en tener lugar en toda la península.

Sobre la celebración, Prado comentaba ayer en una entrevista que “tenemos que buscar métodos, aunque sean limitados, para conseguir no paralizarnos a todos los niveles, económica, social y culturalmente”, explicaba y aseguraba que desde la organización están “muy contentos” de haber sacado adelante el evento en plena crisis sanitaria, aunque saben que no ha sido “la opción ideal”.

Sobre las restricciones y medidas, Prado indicaba que “no te sirve de nada el haber hecho 22 ediciones anteriores porque todas estas cuestiones se plantean por primera vez”. Al mismo tiempo, lamentaba no haber podido realizar los talleres para los más pequeños y otras actividades habituales.

La disminución de participantes también fue “una frustración”, tal y como manifestaba Prado, que concretaba que la sala de conferencias tiene una capacidad para cien personas, cuyo aforo se suele sobrepasar, y este año “de manera muy rígida y controlada” decidieron reducirlo a 18 asistentes. “La sensación de tristeza que eso da es insuperable”, aseguraba el dibujante.

“Más vale la botella medio vacía que no tener botella”, reconocía el historietista coruñés, que detallaba que ha sido una “solución eventual”, pero “el parecido con otras ediciones anteriores es muy poco, sobre todo, por la falta de efervescencia”.

Viñetas puso el foco este año en el gran olvidado de los géneros del cómic, el infantil y juvenil. Por este motivo contó con algunos de los mejores representantes del país, como Enrique Vegas o Xulia Vicente, al tiempo que, aunque no presentes físicamente, también participaron otros artistas como Martín Romero, Alberto Vázquez, Pau o el historietista italiano Alessandro Barbucci. l

La edición más atípica, pero a la vez esperada de Viñetas llega a su fin