Manuel Vilariño deja que el silencio tome la palabra en “Ruinas al despertar”

01 marzo 2012 a coruña.- fotografía vertical del fotógrafo y poeta, manuel vilariño
|

Manuel Vilariño escribía poesía en la Universidad. Como ocurre con sus fotos, la suya era espiritual y no se dejaba influenciar por el momento que pedía poesía social y era adepta confesa a los versos de Blas Otero o Gabriel Celaya. Por eso, guardó las composiciones en el cajón convencido de que no tendrían seguidores pero continuó practicando el género en silencio para publicar poemas de forma esporádica y en diferentes soportes.

Sin embargo, una ruptura emocional en su vida hizo que cogiera el bolígrafo en 2009 y se pusiera a destilar emociones a golpe de cúrcuma y noche, mucha noche, recurriendo constantemente a la naturaleza y haciendo silencio con palabras.

Con el paisaje como contenedor de símbolos, el autor jugó a contar lo que le pasaba dentro y fue así como desgranó sus últimos años en Bergondo hasta que completó su colección de piezas y le puso el nombre de “Ruínas ao espertar”, en una edición en castellano y en gallego que sale a la luz de la mano de Espiral Maior. Vilariño encontró así para su poesía una casa con tapas. En ella, está el dolor encerrado con llave para que el lector encuentre la llave correcta y entre.

De esta forma, instalado en el interior más tierno del poeta, el curioso podrá viajar por el sufrimiento. Que está impregnado desde el principio hasta el final. Él estará mañana, a las siete y media de la tarde, en Fnac para presentarlo, junto al editor y también escritor Miguel Anxo Fernán Vello y el ex ministro de Cultura, César Antonio Molina.

Cuenta el autor que sus versos respiran de la naturaleza. Pero no de la domesticada. Que crece en sitios donde abundan los chalés con palmeras y la hierba no pasa del tobillo. La suya corresponde al trozo de bosque que aún pervive en Bergondo. Que sigue milagrosamente intacto en medio de lo otro.

 

Bosque > Después de tanto tiempo al lado de lo verde y de lo agreste, Vilariño asegura que sabe escuchar al monte. Este le dicta lo que quiere expresar en forma de vegetales y animales que son capaces de representar cosas abstractas que no se puede ver. Solo sentir. En medio de una madrugada de serpientes. Dice el poeta que también se nutre de él por su aspecto filosófico, que hace que sea más que una presencia física donde recrearse y quitarse la ropa para convertirse en un diccionario de recursos. Para ello, cita el libro “La emboscadura”, de Junger, porque está de acuerdo con el canto de libertad del hombre que prodiga el autor en sus páginas y que fue fuente de inspiración para Vilariño en una muestra.

En este sentido, el que fue Premio Nacional en 2007 explica que sus instantáneas beben del mismo imaginario que su poesía. Se basan en símbolos. De ahí que no se considere un fotógrafo al uso, sino un artista visual que trabaja con el soporte fotográfico.

Desde que decidió contar lo que sentía en la Universidad hasta ahora ha pasado mucho tiempo. Sin embargo, la idea de poesía sigue siendo la misma. En un bosque en el que no se escucha apenas nada, Vilariño se desmarca del resto y hace bailar en la misma fiesta a las palabras que tienen fiebre con lechuzas hipnotizadas y murciélagos que pecan de ebrios.

Manuel Vilariño deja que el silencio tome la palabra en “Ruinas al despertar”