El MAC pulsa “play” para acercar en 19 piezas la corta historia del cine de artista

la muestra ofrece propuestas de contenido social y relacionadas con la danza y la performance susy suã¡rez
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Érase una vez una forma de hacer arte con imágenes en movimiento que se dio por llamar videoarte pero que se confabuló en el mismo formato con el cine, la danza, la performance y hasta la escultura. El movimiento fue impulsado por colectivos como la plataforma Screen Projects from Barcelona, que intentó acostumbrar al ojo al arte que no está estático a través de una feria, LOOP, que nació en 2003 y un festival, Screen, desde el que los creadores de todo el mundo proyectaron sus trabajos.

El MAC pulsa hoy “play” para que los coruñeses conozcan 19 de las piezas más representativas de ambos eventos, correspondientes a todas sus ediciones de manera que uno se puede enriquecer de contenidos a la vez que mastica la evolución. Desde los primeros pasos de Miralda y Benet Rossell en los años setenta hasta lo último de Susan Kleimberg que viene de pasearse con su cinta por la Bienal de Venecia y Miami, el espectador tiene la oportunidad de hacerse una idea de por dónde se mueve el cine de artista a poquitos.

Y es que la exposición “Itinerarios del vídeo de LOOP a Screen” pide tiempo. Su comisario, Carlos Duran, explica que además de la alta calidad de las seleccionadas, las que están vinieron desde Barcelona conscientes de que despertarían el interés del público. Para dialogar con la mirada que se detendrá en piezas de corte social o relacionadas con la performance. Y por la tecnología empleada, que se pone su último vestido para bailar con el vídeo o habla de más de 30 años atrás, cuando se grababa en cine y después se pasaba a formato digital.

En concreto, la propuesta de Isabel Rocamora –adquirida recientemente por el MAC– marca el inicio de la conversación. Porque la artista sincroniza dos trabajos a la vez para llevar al ojo por la situación de la mujer en pueblos como el musulmán, donde el quedarse viuda la destrona al basurero. Y como un despojo, la protagonista se va tapando con un velo hasta perder su identidad mientras que en la otra proyección la performance habla del proceso. Que es igual en muchas partes del mundo.

Sin etiquetas que lo aten, el arte cada vez más libre se alía con el cine para que los visitantes se enganchen. Acostumbrados a ver películas. En ese momento, la muestra despliega su menú. Y el espectador elige entre una forma de hacer vinculada a la fotografía como la de Mabel Palacín hasta el discurso que se nutre de escultura de Jean-Michel Othoniel. Con la exclusiva de poder ver por primera vez en España la pieza de Miralda, que representa a Barcelona en la novena Bienal de Shangai. En un cuento que no termina hasta el próximo 12 de mayo.

 

El MAC pulsa “play” para acercar en 19 piezas la corta historia del cine de artista