La Universidad Sénior se marca los mil alumnos como su reto más inminente

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El Paraninfo de la Universidad de A Coruña acogió ayer una de las graduaciones más especiales de todo el año. Fue el turno de los 115 alumnos del programa sénior, para mayores de 50 años, que superaron los cuatro cursos que lo conforman. Durante este ejercicio esta modalidad contó con 800 inscritos y por ello se marca como reto llegar a mil en el próximo ejercicio.
“Espero que lleguemos, todos los años la matrícula tiene mucha acogida y a veces llegamos a tener listas de espera de 50 alumnos para nuestro programa. Este número tan elevado de personas que forman parte del programa es un orgullo y los profesores lo viven con mucha más motivación”, explica María Matilde García Sánchez, directora de la Universidade Sénior desde el pasado mes de enero.
Con ese reto de mil alumnos se plantea el próximo curso, en el que la directora del programa tiene claro por dónde pasa esa opción de crecimiento. “Todos los años la sede de A Coruña convoca entre 115 y 120 plazas y en Ferrol entre 50 y 60, porque la demanda no es tan grande como aquí. Por ello tenemos que llegar a su comarca, desde Cedeira hasta As Pontes”, señala como clave para obtener ese impulso.
Este programa, que ayer vio graduarse a su decimosegunda promoción, nació para dar “continuidad a los intereses de aprendizaje e inquietudes culturales de ese grupo de personas a partir de los 50 años”, apunta.
La Universidad Sénior no solo crece en número, también lo hace porque a los propios graduados se les hacen cortos los cuatro años y 36 créditos que deben superar. “Mi sorpresa y la de mi antecesora es que siempre hay esa petición de que se le dé una continuidad, quieren ir más allá del grado. Es un orgullo tanto para nuestro programa como para la UDC”, asegura.
Para responder a las demandas de sus estudiantes, el centro propone tres alternativas. La primera es que pueden “continuar sus estudios como oyentes en las titulaciones oficiales de grado y máster de las distintas facultades de la Universidad”, sin lugar a duda la mejor opción para María Matilde García Sánchez. “Es una iniciativa buenísima porque hay un valor intergeneracional que permite que convivan los alumnos sénior con los jóvenes y es muy enriquecedor”, explica.
Sin embargo, los “veteranos” prefieren apostar por otra modalidad, en la que se matriculan “en talleres que figuran dentro de la oferta del programa”. Para ello, la directora de la Universidad Sénior señala que siempre “se intenta que todos los años haya una oferta por parte del programa para ampliar el catálogo de materias para que los alumnos puedan tener continuidad”.
Finalmente, la última vía es que vuelvan a inscribirse en las materias del programa sénior “que les han gustado o aquellas en las que se amplían y modifican los contenidos”.
En cualquier caso, García Sánchez destaca que el perfil del alumno sénior está muy claramente marcado: “Es muy especial, tiene muchas ganas de saber y de conocer, pero también es muy exigente”.

La Universidad Sénior se marca los mil alumnos como su reto más inminente