Los molinos artesanales que funcionaban en la ciudad en el año 1832

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En anteriores crónicas ya se hizo referencia a los molinos coruñeses y se siguió su desarrollo hasta el 1832, que es el que señala el inicio de su abandono, que culmina sobre 1870. Al desaparecer casi por completo su actividad en la molienda del grano, ya no resultaban ser rentables y acabaron por ser poco a poco dejados a su abandono. De todos los habidos en esta ciudad, tan solo hasta nuestros días pervivió, por fortuna, el que se conserva en el parque de Santa Margarita. De los demás apenas queda vestigio alguno, tan solo unas pocas piedras del que se situaba en la Gramela y que fueron depositadas en los almacenes municipales de A Grela.

Desde el siglo XIV hay referencias sobre los molinos de viento en La Coruña, los cuales se solían quedar con parte del trigo que los vecinos les llevaban a moler, de modo que el Concejo ante estas quejas vecinales, obligaba a los moradores a que, antes de ir al molinero,  llevasen su cereal a  pesar a la Casa del Peso y, al retirar la molienda, volviesen de nuevo a su pesado, para saber si el molinero en cuestión se había beneficiado o no de la harina. A estos les obligaba a que no admitiesen ningún grano sin haberse pesado anteriormente, bajo las penas contenidas para este caso.

 

Los más antiguos

Los molinos de viento más antiguos de la ciudad datan del año 1525. Ya en 1607 se da cuenta que dentro de la Ciudad Alta había un solo molino, los restantes se hallaban fuera de sus murallas, aunque la documentación más extensa que existe data del siglo XVIII.

En La Coruña, en el año 1550 existirían cinco molinos de viento, los cuales estarían repartidos del siguiente modo: uno dentro de las murallas, otro en el Campo del Espíritu Santo, otro en el lugar del Orzán, el cuarto en el Campo de la Bora y el último en la Atocha-Santo Tomás.

Hasta el siglo XVIII no se detectan más molinos de viento, de este modo en la Atocha-Santo Tomás en 1710 se encuentra uno y en 1765 en esa misma barriada se anotan otros dos y para el año de 1785 se aprecian dos en Santa Margarita y Nelle, levantándose otros dos en 1790 en la barriada de la Atocha-Santo Tomás.

Dos años después en este barrio suman tres molinos y en el de Santa Margarita otros tantos, por lo que es posible que en 1792 solo hubiese en funcionamiento estos seis molinos, el resto estarían abandonados, en desuso o arruinados.

No obstante, la ciudad siempre contó con numerosos molinos de mano, con lo cual se molería el grano de una forma un tanto artesanal. Los problemas de la molienda del cereal eran muy acusados y no en pocas ocasiones se tuvo que recurrir a las aceñas situadas en el entorno coruñés de mar y de río. Estas irían en aumento de la misma forma que se incrementaba su población y sumando a ella la escasez de granos, los cuales se traían a la ciudad desde diversos lugares, tanto de Castilla, como Andalucía, así de países como Holanda y Francia e incluso de la tierra americana de Filadelfia. Era una continua batalla ante el temor que suponía para la vecindad el quedarse sin trigo o que el mismo molinero se apropiase de parte de la molienda del grano que se había llevado.

 

Matrícula económica

En la matrícula económica de 1832 se refleja el diverso comercio que tenía La Coruña, indicando los molinos que había en la ciudad, su pertenencia y ubicación. Estos son como siguen:

“Molino de Jesús González, situado en la Torre n° 25. El de Ambrosio Gramer estaba situado en la entonces carretera de la Torre 32/A. Por su parte, los  de Juan García y Francisco Vila, se ubicaban en el campo de la Leña-Montealto. El de propiedad de Salvador Freire, se hallaba en la misma zona del anterior. El de Juana Gómez, viuda, estaba situado en la misma zona del anterior. El regentado por José Salgués, estaba arrendado a Antonio Camela, y situado en Santa Margarita 12. Mientras que el de Guillermo Berraseti se hallaba en Santa Margarita 18. El molino propiedad de Manuel Morodo, situado en Santa Margarita, estaba arrendado a Juan Mes. Por su parte el de Juan Antonio Faginas, arrendado a Juan Parga, en Santa Margarita. El que pertenecía a  los herederos de Ramón Marz, lo llevaba en arriendo Juan Rey y situado también en el barrio de Santa Margarita”.

 

Pérdida

Todos estos estaban en funcionamiento en la fecha indicada de 1832 y era en ellos donde se hacía parte de la molienda del trigo de la ciudad. Tanto en esta populosa barriada, como en la de Santo Tomás. A ello había que sumar las aceñas del Burgo, Acea Dama (aceña de la dama) y las situadas sobre el Puente Gaiteiro, en el límite de Oza.

Luego poco a poco se irían perdiendo. A medida que la harina ya venía molida de procedencia y la compra del grano para la molienda dejó de existir, los molinos de las fábricas industriales tomarían el relevo de forma paulatina al trabajo efectuado por los molinos existentes en la comarca y tierras de labor, mercados y venta del propio producto, en que desde 1850 se nota una caída importante en la molienda, lo cual se acusa posteriormente año tras año y en la misma medida que aumenta la producción harinera en fábrica. Disminuye la molienda tradicional en los pueblos, ciudades y villas. Hoy en día los molinos, son un recuerdo de una época histórica y problemática para sus habitantes.

Los molinos artesanales que funcionaban en la ciudad en el año 1832

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