El reloj de la Puerta del Sol ya está listo para las campanadas del día 31

31 diciembre 2011 página 41 / 30 diciembre 2013 página 20 MADRID, 30/12/2011.-El relojero Jesús López Terradas durante las operaciones de puesta a punto del reloj de la Puerta del Sol y ha comprobado la "precisión" con

“Los nervios no son malos, te ayudan a estar concentrado”. Esta frase, que tan habitual es entre artistas antes de salir a un escenario, la pronuncia Pedro Ortiz, uno de los cuatro relojeros encargados de que el día 31 a las 12 de la noche el reloj de la Puerta del Sol no falle y preludie el Año Nuevo.
Lleva desde 1997 subiéndose al campanario mientras otros apuran –más tranquilos y sin pasar frío– las gambas en su hogar antes de acudir a la cocina a por las doce uvas, una por cada una de las doce campanadas que cada año resuenan puntuales ante el delirio de las miles de personas que abarrotan la plaza más emblemática de Madrid.
“En casa ya están acostumbrados después de tantos años y si no, malo”, ironiza Ortiz, que este año subirá acompañado por su hermano, Santiago, por Jesús López-Terradas y por el maestro relojero –invitado para la ocasión– Antonio Albero, con el que se reencontrará años después de haber recibido sus clases en la Escuela de Relojeros de Madrid.
“Fue mi primer maestro en la Escuela”, cuenta sobre Albero, a quien le han solicitado ayuda para que un año más, nada falle desde “ese espacio de 16 o 17 metros cuadrados” donde está toda la maquinaria del reloj, un espacio que empezó a visitar Ortiz hace 17 años, cuando reconoce que pasó “muchos nervios” porque se enfrentaba a “algo desconocido” para él.

funciones manuales
Desde entonces, Ortiz y sus compañeros relojeros tienen que acudir año tras año en Nochevieja y estar presentes para que “nada falle”, puesto que también hay funciones que –por mucho que extrañe en época una época tan tecnológica– son manuales.
“Por ejemplo la bajada de la bola es manual”, explica al referirse al descenso de la esfera dorada que precede a los cuartos y a los momentos de nervios sobre la mesa, bien porque el niño no está sentado o bien porque a la abuela le faltan por despellejar dos uvas, no sea que se atragante. Sin embargo, la labor más importante que justifica la presencia de cuatro personas allí es, como señala Ortiz, “la precisión”. “Es lo más importante, el reloj tiene que estar sincronizado con el observatorio astronómico”, clarifica el experto, quien confiesa que “un segundo siempre se puede ir”, pero entonces entrarían en juego ellos.

El reloj de la Puerta del Sol ya está listo para las campanadas del día 31

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