Una tesis sitúa al puerto coruñés como conector de Europa en el siglo XVIII

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Con 25 años y una licenciatura en Historia por la Universidade de Santiago, Francisco Cebreiro le saca punta en su tesis doctoral a un período del siglo XVIII donde A Coruña se convirtió en un punto estratégico de Europa. Y es que aunque muchos tienen la idea de una Galicia anquilosada y rural, la realidad fue bien distinta en esta parte del mapa. 
Con una beca otorgada por el Consello da Cultura Galega, el experto tuvo acceso a finales de 2015 a 2.500 cartas que se mandaron desde la delegación que se abrió aquí del Banco de San Carlos, tatarabuelo del Banco de España, a las oficinas de Madrid para comprobar todo el flujo comercial que salía de la península, rebotaba en la capital y tenía conexión directa con París, Ámsterdam y Hamburgo. 
El especialista cuenta que la sucursal se abrió en marzo de 1783 con el fin de crear una bolsa de accionistas con los que pudieran negociar letras de cambio. De esta forma, Cebreiro señala que la baja burguesía entró en año y medio a formar parte de un mercado donde compraron estos valores por dinero con la condición de que los podían canjear y recuperar en Madrid cuando quisieran. Lo interesante del asunto es que este tipo de operaciones no eran secundadas por los grandes de la época como Barrié, por ejemplo: “Eles mesmos vendían as súas propias letras e eran competencia dos bancos”. 
Las letras fueron adquiridas por algunos eclesiásticos y nobles, pero sobre todo, comerciantes y burgueses que creyeron en esta opción como una forma segura de inversión. Por otro lado, el especialista se fue a lo estudiado por el catedrático Alonso Álvarez, catedrático en Historia Económica, para reflotar la parte central de todo lo que indagó, los buques correo, que partieron de A Coruña hacia América no solo con correspondencia: “Chegou un momento no extraoficialmente e logo oficialmente deixaron cubrir o espazo sobrante de mercadorías”. 
Y si al principio los barcos venían cargados de oro y plata de Cuba y Montevideo, los trueques de metales comenzaron a ser de ida y vuelta. En ese sentido, la ciudad tuvo un papel muy destacado, siempre al rebufo de Cádiz, que tenía el monopolio. 
Para A Coruña, el siglo XVIII supuso una auténtica revolución y los catalanes, castellanos, asturianos o franceses la empezaron a tener en cuenta de cara a sus negocios: “Empezaron a meter ouro e prata non en tantas cantidades como desde Cádiz, pero si en pequenas dosis”. En este punto de la historia, Cebreiro explica que los bancos se interesaron por el intercambio y, sobre todo, por los metales: “Quixeron compralos con letras”. 
En su investigación también constata que este florecimiento comercial se desinfló un poco en 1790 con el inicio de la guerra de España contra Francia ya que se perdió la conexión con París y girar el oro y la plata por Londres fue más complicado porque “os banqueiros franceses non podían facelo”. De las hipotecas y préstamos que empezaron a otorgarse en este época, da buena cuenta también Cebreiro en una tesis que espera presentar en el verano de 2017. 
Y es que fue en esta etapa cuando las clases intermedias, la baja nobleza y la burguesía comenzaron a coger trozos de un pastel, el de la deuda pública, que se compró a través de vales reales: “Tiñan dividendos como unha acción”. 
Su trabajo deja ver cómo a finales de este siglo la economía diaria empezó a depender de la financiera y al revés.  Son los orígenes de una relación que fue el inicio de este sistema tan cuestionado en la actualidad.

Una tesis sitúa al puerto coruñés como conector de Europa en el siglo XVIII