Pyongyang asume el fracaso de su satélite en su último desafío

Momento del despegue del cohete de la base de Tongchang Ri
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 Corea del Norte admitió el fracaso de su misión para poner en órbita un satélite con un cohete de largo alcance, que fue lanzado ayer pese a las críticas de varios países que lo consideran una prueba balística encubierta.

El cohete portador Unha-3 despegó a las 07.39 hora local del jueves desde Tongchang Ri, al norte del país, para explotar minutos después a unos 151 kilómetros de altura y precipitarse sobre el Mar Amarillo a entre 100 y 150 kilómetros de la costa surcoreana, según la versión oficial de Seúl.

Cuatro horas después del lanzamiento la televisión norcoreana KCTV, único canal del hermético país comunista, reconoció que el satélite Kwangmyeongsong-2 “no logró entrar en órbita” y explicó que científicos, técnicos y expertos investigan las causas.

La KCTV no añadió más detalles a este breve despacho informativo y durante la mayor parte del día retransmitió discursos, documentales y canciones de alabanza a la dinastía Kim, que gobierna el país bajo un régimen totalitario de corte estalinista desde su fundación en 1948.

En esta ocasión, el reconocido fracaso podría asestar un duro golpe moral al régimen del joven Kim Jong Un en una semana marcada por el centenario, el domingo, de Kim Il Sung, fundador y “líder eterno” de Corea del Norte.

Ante el lanzamiento, Estados Unidos ha cancelado el acuerdo al que llegó el pasado febrero para proporcionar ayuda alimentaria a Corea del Norte, y que permanecía suspendido hasta ahora y el Consejo de Seguridad de la ONU deploró el lanzamiento del satélite, una acción que, según todos sus miembros, viola dos resoluciones del máximo órgano internacional de seguridad.

Mientras tanto, menos de cuatro meses después de la muerte de Kim Jong Un, su hijo, que se cree apenas cuenta con 30 años, asumió el control absoluto de Corea de Norte para perpetuar la continuidad de la hermética dinastía comunista.

Inmortalizado en bronce, el dictador Kim Jong Il domina la vista junto a su padre desde lo alto de la colina de Mansude, en el centro de Pyongyang. La primera de muchas estatuas que pronto llenarán el país.

Y cimentando el carácter de dinastía, el tercero de la familia, Kim Jong Un, presidió el acto ante la presencia de miles de norcoreanos, convocados a agitar flores y realizar reverencias.

Pyongyang asume el fracaso de su satélite en su último desafío