El tráfico de drogas vuelve a Cances solo tres días después del último golpe policial

los vecinos aseguran que los supuestos traficantes son antiguos chabolistas de penamoa quintana
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A pesar de los esfuerzos de la Policía Nacional, el nuevo punto negro del tráfico de drogas sigue abierto en O Ventorrillo. El miércoles, agentes del 091 asaltaban la casa que ocupa el número 35 del lugar de Cances y se llevaban a todos los habitantes a la comisaría de Lonzas. El viernes, el negocio volvía a abrirse y se retomaba el trasiego de individuos que los vecinos consideran “sospechosos”. La presidenta de la asociación del barrio, Rosa Barreiro, reconoció su decepción por este hecho y fue tajante: “No vamos a permitir que siga así”.

Agentes del 091 asaltaron la casa el miércoles después de semanas de vigilancia constante

Ella misma había hablado con el jefe de la Policía Nacional en A Coruña, José Luis Balseiro, y este había admitido que la intervención no había dado el fruto deseado, que habría sido interrumpir el tráfico de drogas en la vivienda de forma definitiva, pero le aseguró que están “trabajando en ello”. Por su parte, la presidenta de O Ventorrillo también se puso manos a la obra. “Hemos hablado con la asociación de Agra do Orzán para tomar medidas conjuntas. No vamos a permitir que esto continúe”, insistió firme.

Los vecinos de O Ventorrillo tuvieron que soportar durante décadas la presencia del tráfico de drogas que se llevaba a cabo en el poblado de Penamoa y tras su desaparición, hace casi un año, habían advertido que las casas dispersas por la zona, que en muchos casos estaban vacías, podían albergar nuevos focos de narcotráfico. “Es un lugar en el que se encuentran cómodos, que conocen y en donde es fácil controlar las idas y venidas de la gente, así que pueden estar atentos cuando viene la Policía”, enumeraba la líder vecinal. El tiempo parece haberle dado la razón.

 

desde octubre

Desde entonces, la Policía Nacional no ha dejado de cerrar más puntos de venta de droga, la mayoría muchos más precarios, como una tienda que se ocultaba entre la maleza en la zona de Agra das Baixadoiras y que fue denunciada por la Plataforma Ventorrillo Desmantelamiento Penamoa. Los vecinos descubrieron este nuevo foco en octubre, precisamente por el anormal trasiego de personas. “Esa calle (la del lugar de Cances) no lleva a ninguna parte, y la casa en cuestión está al final de todo, así que tienes que ir hasta allí a propósito”, aclara Barreiro. Al ver varios vehículos y furgonetas blancas que se les hacían conocidas, los vecinos vieron confirmados sus peores temores: los antiguos chabolistas se habían apoderado de la casa abandonada.

Aunque muchos de los realojados de Penamoa han tenido problemas para continuar en sus nuevos hogares y han llegado a ocupar otras vivienda, como las del edificio de A Moura, Barreiro sostiene que no es eso lo que está pasando en el lugar de Cances, sino que está convencida de que “esa casa fue ‘okupada’ solo para poder vender drogas”. Al parecer, los legítimos propietarios están enzarzados en “los típicos problemas de herencias” que les han impedido tomar posesión de su casa, una circunstancia de la que se han aprovechado los presuntos traficantes.

 

El tráfico de drogas vuelve a Cances solo tres días después del último golpe policial