La polémica vida de Mayor Fernández Pita: sus pleitos y propiedades

Lucha cuerpo a cuerpo en las calles de la Pescadería en 1589
|

Las Cédulas Reales le otorgaban determinadas mercedes a su persona, las referentes al abono de su sueldo, que a su vez da gracias al rey por mantenerla entretenida en la cárcel de la ciudad. Para poder cobrar aquella soldada estaba a cargo de la cárcel, el título de alférez era de tipo honorífico y su presencia se debía al trabajo que realizaba para aquel puesto. Cabe intuir si su último marido, escudero de la Real Audiencia, no estuviese en esta institución, ¿se vería esta mujer rodeada de tantas mercedes? Y aquel, escribanos de la Corte, que ante el rey expuso argumentos tan afortunados para con ello obtener todas las ventajas.

En el año 1595, Mayor Fernández Pita adquiere veinte jornales de viñas en la feligresía de San Pedro de Nos. Esta propiedad le traería problemas judiciales. Mujer habituada a hacerles frente por su tesón, intuición y personalidad, litigando en la Real Audiencia, faceta que había convertido en algo común, si tenía pleito por medio, alargándolo en el tiempo con sus recursos, siempre al amparo de vecina pobre y curadora de sus hijos.

Al vivir Mayor Fernández Pita en la calle de la Carnicería, (hoy Santa María) arrienda a Isabel González la casa de Herrerías por cinco ducados de renta, pagados anualmente por un plazo de tres años. En 1604, Mayor Fernández hace escritura de compra-venta, de un solar anexo a su vivienda, en la calle de la Carnicería, al zapatero Jácome Vázquez y a su mujer Dominga Cao. En 1605 arrienda la cocina y parte alta de su casa de la calle de la Carnicería a Diego López de León y su mujer Francisca y se escritura ante el escribano Gregorio Seoane, que dice:

“En la ciudad de La Coruña, Mayor Fernández de la Cámara, mujer de Gil de Figueroa, escudero de la Real Audiencia, en virtud del poder de su marido, arrienda a Diego López de León y a Francisca López, su mujer, el alto de la casa que tiene en la Carnicería, que vivía el capitán Pedraza, y la cocina debajo con un aposento, que solía tener Pedro Gómez, soldado, y la mitad de la bodega de abajo, que la otra mitad, la tiene María de Lago”.  En la ciudad Alta tenía propiedades en arriendo, por tanto, no era tan pobre cuando pedía alguna merced al rey o litigaba ante la Real Audiencia en uno de los asuntos que más le agradaba, entablar pleitos de la índole que fuese, el caso era estar ocupada en algo en la Real Audiencia.

Negocio heredado
Se sabe que en el lugar de Ledoño tenía diversas propiedades arrendadas y hacía de prestamista, negocio que heredó de su madre por su dedicación de beneficios económicos y de prestigio para su persona, cuya actividad ejerció de forma continuada, de modo preferente entre los vecinos de aquel coto, donde residía en Sigrás, en cuyo lugar había arrendado el 24 de octubre de 164 a Pedro da Vila, un lugar con su cortiña y árboles de dentro y fuera, por seis años, por una renta anual de doce ferrados de trigo y dos gallinas. En el mes de mayo de 1638, Francisco Díaz Piñeiro debe a Mayor Fernández una pipa de vino de 200 azumbres, a 14 maravedíes azumbre, que pagará en el mes de septiembre. En el mes de julio Esteban Fernández queda obligado a pagar a Mayor Fernández, diez ducados que le había prestado para la compra de un buey y una vaca, para arar y transportar cosas diversas, con lo cual se ganaba la vida. En febrero de 1640, Alonso Queijeiro, vecino de Celas, está obligado a pagar a Fernández Pita, para el día de Santiago, seis ducados, que le adeudaba por razón de una vaca color franca que le había entregado. 

Las ventas
Juan Vidal, el 19 de mayo de dicho año, labrador de Sigrás, vende a Mayor Fernández, cinco ovejas por 30 reales, que para ellas le dio y pagó al contado. Isabel García, vecina del Coto de Sésamo, se obliga a pagar a la dicha Mayor 66 reales que le había prestado. Alonso Cardillo, “el viejo”, vecino del lugar de Vilar, feligresía de Sigrás, queda obligado al pago en aquella feligresía de 66 reales a Mayor Fernández, que le había prestado para hacer una buena obra (estos serían los seis ducados que en pleito entablado por el hijo de Mayor Fernández, Juan Bermúdez de Figueroa, le reclama en 1646). En diciembre, Sebastián Fernández, vecino de Celas, recibe dos bueyes de Mayor Fernández, en el precio de nueve ducados. Al correr el 31 de julio de 1642, Pedro Catrufo, vecino de Sigrás, se compromete a pagar a Mayor Fernández, para el día de San Martín, ocho ducados que le había prestado; y Andrés García, escudero de la Real Audiencia, se obliga a pagar a Mayor Fernández cuatro ducados que de ella había recibido.

En la mayoría de los documentos se cita a Mayor Fernández Pita, mientras que en otros aparece como Mayor Fernández Pita de Cámara y también Mayor Fernández de Cámara y Pita, es decir que hay un baile de apellidos superpuestos. Lo que de momento es una incógnita es el “de Cámara”, ya que ningún apellido familiar corresponde a dicho nombre. Es posible que el nombre que figura de apellido “de Cámara” lo hubiese adoptado como consecuencia de su primer memorial presentado ante la Corte en 1596, en donde obtiene las mercedes que el monarca le concede, después de su exposición que de ella hace el escribano de cámara. 

Quizás debido a su presencia en la cámara de la Corte real, ella interpone a su nombre y apellidos el “de Cámara”. Cualquier documento histórico que se consulte se verá que al final del mismo, cuando firma el titular de Cámara, ya sea escribano o por orden del escribano, lleva siempre la mención “dada por el escribano de Cámara”, y de ahí que Mayor Fernández Pita, para hacer creer a sus coetáneos su descendencia nobiliaria, añade a su persona dicho apellido como tal, por lo que a partir de dicho año, hallamos en los expedientes judiciales de la Real Audiencia, con Mayor Fernández Pita y de Cámara ó también Mayor Fernández de Cámara y Pita. Es decir, juega con la interposición de aquel nuevo concepto en su favor, añadiéndolo a sus apellidos de siempre, y desde esa fecha se torna ya como persona “de Cámara”.    

Para finalizar, cuando la Ciudad Alta resulta afectada por un incendio, la casa situada en la calle de la Zapatería pertenece a María Pita, hermanastra de Mayor Fernández Pita, pero no a esta última, como algunos achacan, debido a la casualidad o cambio de nombre de María por Mayor.

La polémica vida de Mayor Fernández Pita: sus pleitos y propiedades