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No saben ni cómo se llama Pablo Hasel

Puede que en un primer momento alguno, ni siquiera todos, de los que se echó a la calle para protestar por el encarcelamiento de Pablo Hasel –del que jamás había oído hablar hasta que se supo de su condena– lo hiciese convencido de que estaba defendiendo la libertad de expresión, pero a partir del segundo día la cosa ya no tenía que ver con ningún derecho sino con la vileza que llevan algunos dentro y necesitan sacar a base de quemar contenedores.