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Enviar cartas al corredor de la muerte, un voluntariado muy poco convencional en Italia

"En el 2000 pusimos la iniciativa en la sección de voluntariado de la web de San Egidio", comenta divertida por el hecho de que en la misma lista que incluye repartir comida a los sin techo o acompañar a los ancianos, "te encuentres con escribir a un condenado a muerte".Lo que empezó como una anécdota en un periódico ha superado ya las 15.000 correspondencias desde su creación, con unas 5.000 solicitudes recibidas en los últimos años de personas que quieren escribir a presos, actualmente ya solo de EEUU. La mayoría son mujeres que les preguntan por sus rutinas, sus gustos, y que, a su vez, les explican algo de sus vidas.En 2020, con el confinamiento por la pandemia se alcanzaron cifras récord, con días en los que se recibieron más de 100 peticiones de personas “encerradas solas en casa que se sintieron identificadas" con los presos y se implicaron en una iniciativa que se enmarca en la campaña de San Egidio para abolir la pena de muerte."La soledad es una gran enfermedad que se le impone a los condenados", dice Tallei, que destaca como las restricciones por el Covid han ayudado a la gente de a pie a comprender mejor la situación de los presos al verse privada de su libertad.Aunque vivan rodeados de muros y rejas, en el corredor de la muerte, los presos, que a veces mantienen correspondencia con varias voluntarias, solo "piden compañía, una relación de amistad, que no les olviden y poder mantener un vínculo con la sociedad".Además de hablar de sus pasatiempos y de lo mucho que les gusta la comida italiana, "especialmente la pizza y la pasta, un tema recurrente en las cartas", a veces piden ayuda económica o legal o son las propias voluntarias las que desean ayudarles con "una pequeña donación" o contactando con sus abogados, aunque resulta muy difícil.

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