Escuchar música produce cambios medibles en los genes, según constata el proyecto Sensoxenoma

El proyecto Sensoxenoma, impulsado por la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS), cumple cinco años con más de cinco mil participantes y veinte mil muestras biológicas que han permitido constatar que escuchar música produce cambios medibles en genes y proteínas.
La iniciativa, desarrollada por los grupos GenPoB y GenVip de la USC, ha reunido a más de mil quinientos donantes y ha estudiado la respuesta del organismo a los estímulos musicales mediante muestras de sangre, saliva y lágrimas.
Uno de los resultados más recientes apunta a que una experiencia tan cotidiana como escuchar música puede dejar una "huella molecular medible" apenas veinticinco minutos después de comenzar la exposición, según ha explicado el investigador principal del proyecto, Antonio Salas.
En concreto, uno de los estudios se ha centrado en personas con trastorno del espectro autista (TEA) y ha identificado cambios reproducibles en la expresión de genes de células de la mucosa oral.
El estudio concluye que las intervenciones musicales "pueden tener efectos positivos en distintos aspectos, como la interacción con otras personas, algunas capacidades de comunicación, el comportamiento y la calidad de vida".
Los investigadores consideran que la música puede ser una herramienta útil porque no es invasiva y suele resultar atractiva, aunque advierten de que los estudios no son todos iguales y que hace falta "mejorar y unificar la forma de aplicar y evaluar estas intervenciones"
Más estudios
Otro estudio ha analizado si escuchar música provoca cambios a nivel molecular en las personas con TEA. Para comprobarlo, los investigadores tomaron una muestra muy sencilla mediante un frotis de la boca antes y después de escuchar música.
En un primer grupo encontraron treinta y tres genes que podían estar relacionados con la respuesta a la música. Al repetir el análisis con otro grupo de personas, confirmaron veinte de ellos y, finalmente, trece mantuvieron una relación estadísticamente significativa.
Algunos de estos genes están relacionados con el funcionamiento del sistema inmunitario y con procesos inflamatorios.
Según Antonio Salas, estos resultados podrían abrir en el futuro la posibilidad de utilizar estos cambios biológicos para medir cómo responde una persona con TEA a determinadas intervenciones musicales.
Concierto experimental
Sensoxenoma, que nació para estudiar de forma sistemática qué sucede en el organismo al escuchar música, ha ampliado sus líneas de investigación hacia la expresión génica, la proteómica, la microbiota y diferentes señales fisiológicas.
Su quinto aniversario se celebrará el próximo 25 de septiembre con el concierto Sensoxenoma26 en el Auditorio de Galicia, que volverá a convertirse en un "laboratorio ciudadano".
Unas doscientas personas del público podrán participar como donantes y se recogerán muestras de sangre, saliva y lágrimas durante la experiencia musical.
Además, el proyecto estudia en tiempo real la respuesta emocional y psicofisiológica del público mediante sensores que registran variaciones en la actividad del sistema nervioso autónomo.
El concierto estará dirigido por Roberto Baltar y contará con la participación del musicólogo, escritor y periodista Martín Llade.















