Laura Salud, farmacéutica y nutricionista: “Los suplementos no hacen magia, la base siempre son los hábitos”
Fundadora de Salmo Labs, defiende un enfoque integrador de la salud en el que nutrición, descanso y estilo de vida son pilares fundamentales

Laura Salud es farmacéutica, nutricionista y divulgadora. Desde la infancia tuvo claro que quería dedicarse al cuidado de la salud y, con los años, ha logrado unir sus dos grandes pasiones: la farmacia y la nutrición. Su trayectoria la ha llevado a especializarse en suplementación y a fundar Salmo Labs, un proyecto con el que busca ofrecer productos efectivos, seguros y honestos. En esta entrevista comparte su visión sobre la importancia de la nutrición, los retos del sector de los suplementos y los valores éticos que guían su trabajo.
¿Qué vivencias personales te llevaron a interesarte por la salud, la nutrición y el mundo farmacéutico?
Desde mi infancia nació en mí esta vocación. Me encantaba jugar con las medicinas que mis padres guardaban en un cajón del comedor. Solía colocarme entre ese mueble y la mesa, y fingía atender a enfermos mientras les daba sus remedios. También preparaba “fórmulas” inventadas, mezclando hojas y flores del jardín o especias de la cocina con un poco de agua, imaginando que se trataba de un remedio especial para cada paciente. Me fascinaba jugar a eso. Creo que ahí empezó todo: a los ocho años ya tenía claro que quería ser farmacéutica. Amo cuidar de las personas y ayudarlas en lo relacionado con su salud.
Tienes formación como farmacéutica y nutricionista. ¿Cómo combinaste ambas disciplinas? ¿Fue difícil decidir especializarte en suplementación?
Durante la carrera de Farmacia descubrí que las asignaturas relacionadas con la nutrición me interesaban y, además, era algo que podía poner en práctica en casa con mi alimentación. Al terminar Farmacia empecé a trabajar y sentí que quería saber más sobre el tema, así que me inscribí en la Facultad de Nutrición y Dietética y, mientras trabajaba como farmacéutica, estudié la carrera de Nutrición y Dietética. Esta me permitió ampliar mis conocimientos del cuerpo humano y abordarlos de un modo más holístico.
No fue difícil decidir especializarme en suplementación, una cosa llevó a la otra. Con el conocimiento farmacéutico y nutricional veía que había carencias y/o excesos en nuestro estilo de vida, lo que enseguida me llevó a entender la necesidad de utilizar suplementos para lograr un mayor bienestar. A medida que profundizaba en el tema, más me interesaba y más quería aprender. Al final logré especializarme.
¿Qué aspectos de la farmacia crees que son más útiles en tu trabajo como nutricionista, y viceversa?
Creo que la farmacia y la nutrición son dos disciplinas que se complementan muy bien. Desde la farmacia, lo que más me aporta en mi trabajo como nutricionista es el conocimiento profundo de los medicamentos y suplementos: cómo se absorben, cómo interaccionan con los alimentos y qué efectos secundarios pueden tener. Por ejemplo, saber que la metformina puede disminuir los niveles de vitamina B12 o que un tratamiento con antibióticos puede interferir con la microbiota intestinal me permite ajustar la pauta nutricional y anticipar posibles déficits.
Por otro lado, la nutrición también ofrece herramientas muy valiosas para el farmacéutico. Una buena intervención nutricional, por ejemplo, puede mejorar la adherencia al tratamiento, reducir los efectos adversos o incluso prevenir que ciertos problemas de salud requieran una medicación más agresiva.
En tu trayectoria, ¿qué momento o proyecto consideras un punto de inflexión?
Siempre había divulgado mis recomendaciones y ayudado a las personas a cuidar de su salud desde el mostrador, a la gente de mi barrio. Lo que marcó un punto de inflexión fue cuando empecé, además, a divulgar online. Empecé a llegar a mucha gente y a ayudarlos. Las consultas comenzaron a ser online y el feedback era increíble y muy gratificante. Eso me motivó a seguir y a dar lo mejor de mí, a estar siempre muy actualizada, a estudiar más y a elevar mis conocimientos. Sentí que tenía una gran responsabilidad: la confianza hacia mí era enorme y yo debía estar a la altura. Descubrí una doble vocación: la de farmacéutica y la de divulgadora.

¿Cuáles son tus valores profesionales no negociables y cómo los aplicas en el día a día?
Uno de mis valores no negociables es la ética profesional. Para mí es fundamental ser honesto con el paciente: si algo no está respaldado por evidencia científica, no lo recomiendo, aunque sea una tendencia de moda. También la responsabilidad es clave; trato cada caso como único, consciente de que mis recomendaciones pueden tener un impacto real en la salud de la persona.
Otro valor esencial es la empatía. Escuchar y comprender la situación del paciente me permite adaptar las pautas a su realidad, evitando propuestas imposibles de sostener en el tiempo. Y finalmente, la formación continua: creo que en salud nunca podemos dar por sentado que ya sabemos suficiente. Cada día dedico tiempo a actualizarme, porque sé que la ciencia avanza y mis pacientes merecen que les ofrezca lo mejor y más actual.
En el mundo de la salud vemos a muchos profesionales centrarse solo en nutrición, otros solo en farmacia, otros en medicina. ¿Qué ventajas, retos o tensiones encuentras al moverte entre estas dos disciplinas?
Para mí son muchas más las ventajas que las desventajas. Entiendo la salud como algo integrativo y holístico; quedarme solo en un foco me haría perder la capacidad de ver al paciente desde una perspectiva mayor. El hecho de moverme entre nutrición y farmacia me permite, en muchas ocasiones, llegar a la raíz del problema y no limitarme únicamente a tratar el síntoma.
Además, este enfoque me ayuda a ofrecer soluciones más personalizadas y duraderas, aunque también me exige estar en constante formación para poder aportar lo mejor de ambas disciplinas. Pero considero que ese esfuerzo merece la pena, porque al final el mayor beneficiado es siempre el paciente.
¿Cuál es la frontera o límite ético que te impones al recomendar suplementos u otros productos?
Cuando tengo un caso complicado, me suelo preguntar si esa recomendación se la daría a mi madre, a un familiar querido o incluso a mí misma. Esa reflexión me ayuda a responder con total honestidad y poner siempre al paciente en el centro. Y, por supuesto, además de esa brújula personal, me apoyo en la evidencia científica y en la seguridad del tratamiento para asegurar que la recomendación es ética, necesaria y beneficiosa.
Desde tu experiencia profesional, ¿crees que en España existe desinterés hacia la nutrición o, por el contrario, has observado una mejora en los últimos años? ¿Qué señales (positivas o negativas) te hacen pensar eso?
Creo que en España hemos vivido una evolución clara en la percepción de la nutrición. Hace unos años sí percibía un mayor desinterés, se veía más como un tema secundario o ligado únicamente a la estética. Sin embargo, en los últimos años noto un cambio positivo: cada vez más personas buscan información, consultan a profesionales y entienden la alimentación como un pilar de salud y prevención.
Por supuesto, todavía hay aspectos a mejorar. Persisten mitos, dietas milagro y una gran influencia del marketing en torno a productos que no siempre tienen base científica. También sigue habiendo falta de educación nutricional en la escuela y en el sistema sanitario de forma estructurada.
¿Percibes una mayor demanda de profesionales nutricionistas o más interés en los planes nutricionales personalizados?
Es verdad que muchas personas buscan planes personalizados, pero en mi caso no me dedico a elaborarlos directamente, porque eso pertenece al ámbito de la dietética. Yo me centro más en el enfoque de la nutrición: en la educación, en la prevención, en comprender cómo la alimentación influye en la salud y en acompañar al paciente para que adquiera hábitos sostenibles.
Pero respondiendo a tu pregunta, sí creo que la tendencia hacia la personalización es positiva, porque refleja que la gente ya no busca soluciones universales, sino recomendaciones adaptadas a su contexto.
¿Qué papel tienen redes sociales, influencers y contenido digital en ese “auge” sobre nutrición?
Las redes sociales y los creadores de contenido han tenido un papel clave en el auge de la nutrición. Han conseguido que la alimentación y los hábitos saludables formen parte de la conversación cotidiana, acercándolos a un público más amplio y generando cada vez más interés en el cuidado de la salud desde la nutrición.
Ahora bien, la parte menos positiva es que también circula mucha desinformación y mensajes simplificados que no siempre son ciertos o los da una persona cualificada. Por eso creo que el reto está en aprovechar ese poder de difusión, pero con responsabilidad. Los profesionales de la salud debemos ocupar ese espacio y aportar contenidos claros y rigurosos que ayuden a las personas a tomar decisiones más informadas y seguras.
¿Qué te impulsó a fundar Salmo Labs? ¿Cuál era la necesidad insatisfecha que viste en el mercado? ¿Cuál es la misión o el propósito principal de Salmo Labs?
Yo buscaba para mí un colágeno que fuera específico para la piel, el cabello y las uñas. Los que encontraba en el mercado, por aquel entonces, no cumplían con mis requisitos. Algunos no llevaban la dosis suficiente para ser efectivos; otros no lo combinaban con vitamina C (clave en la formación de colágeno). Luego estaban los que iban cargados de edulcorantes, sabores artificiales y azúcares: añadidos innecesarios que, con el uso continuado, dañan seriamente la salud. Cuando sí encontraba el “colágeno perfecto”, resultaba ser demasiado caro. Eso me llevó a plantearme crear mi propio colágeno, más por una necesidad personal que comercial. Así fundé y creé Salmo Labs.
La misión de Salmo Labs es la misma que tengo yo, ayudar a las personas con su salud de una forma muy honesta, con fórmulas efectivas gracias a sus ingredientes de calidad, las dosis óptimas y la sinergia entre sus ingredientes. Y por supuesto, libre de todo lo innecesario: azúcares, edulcorantes artificiales, colorantes, saborizantes artificiales, gluten, lactosa, etc. Además, para mí era importante que los productos de Salmo Labs pudieran ser accesibles, económicamente hablando, a la mayoría de las personas El propósito es que las personas tomen responsabilidad y sepan qué decisiones tomar respecto a su salud.
¿Cómo desarrolláis un nuevo suplemento o producto?
Son productos que personalmente utilizo, por lo que a la hora de desarrollarlos pienso en lo que yo misma consumiría y en si realmente es seguro y efectivo a largo plazo. Ese criterio personal me sirve como filtro inicial: si no me lo daría a mí, a mi familia o a un ser querido, no tendría sentido ofrecerlo a los demás.
A partir de ahí, todo se construye sobre la evidencia científica: reviso la literatura, evalúo la calidad de los ingredientes, su biodisponibilidad y la dosis adecuada. Para mí es fundamental que un producto no nazca de una moda, sino de una necesidad real y con el máximo rigor en seguridad y eficacia.
En el ámbito de los suplementos, existe muchísimo “ruido” (productos dudosos, promesas exageradas, marketing engañoso). ¿Cómo garantizas que lo que ofreces sea seguro, eficaz y ético?
Soy muy consciente de que en el mundo de los suplementos hay mucho ruido, por eso mi compromiso es aplicar un filtro muy claro: solo desarrollo o recomiendo aquello que tiene respaldo científico, seguridad demostrada y un propósito real de salud. Nunca me guío por tendencias ni por promesas vacías, sino por evidencia y necesidad.
Además, aplico un criterio personal muy exigente: pienso siempre si ese producto me lo tomaría yo o se lo daría a un familiar. Si la respuesta no es un ‘sí’ rotundo, no pasa el filtro. Esa combinación de rigor científico y ética personal es lo que me asegura que lo que ofrezco sea seguro, eficaz y honesto.
En el ámbito de la suplementación, ¿cuáles son los principales retos regulatorios que ves en España / Europa?
Uno de los principales retos es la falta de homogeneidad en la regulación. Por ejemplo, cuando desarrollamos un producto aquí, como es el caso de Salmo Labs (nuestros productos son hechos en España), tenemos que pasar por registros sanitarios muy estrictos tanto en España como en Europa, y eso implica que ciertas palabras, alegaciones de salud o incluso sellos no se pueden incluir en la etiqueta si no están validados. Sin embargo, a la vez se pueden importar libremente productos fabricados fuera de la UE, donde los criterios de registro y control pueden ser mucho más laxos. Y ahí está la controversia: el consumidor se encuentra con etiquetas muy llamativas que prometen casi milagros, pero sin garantías del mismo rigor científico o regulatorio.
Otro ejemplo es que a nosotros no se nos permite afirmar que un suplemento “cura” o “previene” una enfermedad, ni siquiera cuando hay estudios que apoyan su beneficio, mientras que otros productos importados utilizan mensajes mucho más agresivos sin el mismo nivel de control. Esto crea una competencia desleal y, lo más preocupante, confusión en el consumidor.
¿Cuál es tu postura frente a productos “milagro”, modas nutricionales o promesas de resultados espectaculares sin base científica?
Mi postura es muy clara: rechazo totalmente los productos ‘milagro’, las modas nutricionales y las promesas espectaculares sin base científica, porque generan falsas expectativas, frustración e incluso pueden poner en riesgo la salud. Como profesional, creo que mi responsabilidad es ofrecer información honesta y accesible, desmontar esos mensajes engañosos y proponer alternativas seguras, realistas y sostenibles, aunque no suenen tan llamativas
¿Qué opinas de la automedicación con suplementos, de que muchas personas se autodiagnostiquen o mezclen productos sin supervisión profesional?
Creo que la automedicación con suplementos tiene matices: hay productos como el magnesio, el omega-3 o el colágeno que son muy seguros y en muchos casos aportan beneficios claros, por lo que no veo mal que las personas los utilicen de forma autónoma. Obviamente, siempre es preferible contar con la supervisión de un profesional, pero en estos casos el riesgo es prácticamente inexistente frente al beneficio. Ahora bien, también existen otros suplementos que no son tan inocuos, que pueden interactuar con medicamentos o tener efectos secundarios, y ahí sí considero imprescindible la orientación profesional para evitar problemas.
¿Cuáles son los errores más frecuentes que ves en personas que ya consumen suplementos?
El error más frecuente que veo es que mucha gente busca una solución rápida: lo primero que me preguntan es “¿qué me tomo?”, aunque no tengan una buena alimentación ni un estilo de vida saludable, esperando que un suplemento les resuelva el problema. Y no es así: los suplementos son un complemento a un estilo de vida saludable. Otro error común es quedarse solo con lo que pone en el frontal de la etiqueta y no mirar realmente los ingredientes, el tipo de compuesto o la dosis. Pongo el ejemplo del magnesio: no es lo mismo un tipo que otro en cuanto a absorción y eficacia y tampoco es lo mismo la cantidad de magnesio elemental que la cantidad de magnesio total. O incluso ingredientes añadidos que pasan desapercibidos, como la maltodextrina, que muchas veces se consume sin saber que puede elevar la glucosa en sangre incluso más que el propio azúcar. También ocurre que algunas personas no se fijan en si la dosis es realmente efectiva, o combinan varios suplementos con el mismo fin, aunque este último lo veo con menos frecuencia. En definitiva, los errores vienen de querer atajos y de no prestar atención a la calidad y composición del producto.
¿Qué importancia das a la nutrición, estilo de vida, descanso, gestión del estrés frente al suplemento?
Muchísima importancia. Para mí la base siempre es la alimentación, el estilo de vida, el descanso y la gestión del estrés; eso es lo que realmente marca la diferencia en la salud a largo plazo. El suplemento puede ser un apoyo muy valioso en determinadas situaciones, pero nunca sustituye a esas bases. Es como construir una casa: primero necesitas unos buenos cimientos, y esos cimientos son los hábitos diarios. Una vez que están sólidos, entonces sí, la suplementación puede aportar un plus, optimizar resultados o cubrir carencias específicas, pero siempre en segundo plano respecto a la base.
¿Podrías compartir algún caso de éxito en el que viste resultados interesantes con suplementación bien planificada?
Recuerdo el caso de una mujer con mucha fatiga y dolores musculares recurrentes, que además tomaba medicación que afectaba a la absorción de ciertos nutrientes. Tras revisar su situación, detecté déficit de vitamina B12 y niveles bajos de magnesio. Con una suplementación bien planificada y, por supuesto, acompañada de ajustes en su alimentación y descanso, en pocas semanas notó una mejora muy significativa en su energía y en la calidad del sueño. Estos casos son muy gratificantes y demuestran que el suplemento no hace magia por sí solo, pero cuando se utiliza de forma adecuada y personalizada, puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida de la persona.
¿Qué le dirías al público que tiene dudas sobre si los suplementos “valen la pena” o no?
Lo primero que les diría es que los suplementos no son imprescindibles para todo el mundo ni la solución mágica a los problemas de salud. Lo que realmente vale la pena es tener una buena alimentación, descansar bien y cuidar los hábitos. Dicho esto, cuando hay déficits nutricionales, situaciones específicas o un objetivo concreto, los suplementos sí pueden marcar la diferencia y ser una herramienta muy útil.










