Jueves 18.04.2019

Soñar no cuesta nada

Lo sucedido en el Ramón de Carranza es como una mala digestión y no resulta fácil digerirla aunque siempre existen los optimistas

Lo sucedido en el Ramón de Carranza es como una mala digestión y no resulta fácil digerirla aunque siempre existen los optimistas que ven las cosas de otra forma y restan importancia a la debacle blanquiazul. Pero cuidado. Yo soy de los que he llevado una decepción por el juego realizado por la plantilla que dirige Natxo González.  
Pasamos de la felicidad de las últimas jornadas a la más pura  decepción en un abrir y cerrar de ojos. La derrota en feudo andaluz  por ese rotundo 3-0 es un mal síntoma. Ganar lejos de Riazor, que nunca es fácil, se está convirtiendo en una obligación. Y no puede ser así. Los partidos hay que jugarlos. El rival también cuenta aunque en Segunda todo parece más fácil. Esa ilusión positiva que todos tenemos cuando se trata del Dépor, se ha roto desde el primer minuto de juego a pesar de que una y otra vez pensamos que los deportivistas, pasarían este compromiso con nota. A pesar del cambio de sistema. Pero nos puede más el corazón que la realidad. 
Siendo honesto, lo mejor de este Dépor son los resultados. Pero me decepciona el fútbol que realiza. Me aburre, me incomoda, me enoja. Sueño con ver espectáculo. Y no lo veo. Sueño con un Dépor que me seduzca y no que me prive de acudir al campo. 
Como espectador no puedo evitar en ocasiones el bostezo. Y es una muy mala señal. No hay que olvidar que la mayoría de los goles que consigue el equipo son a balón parado con todo lo que ello significa. También comprendo que sumar victorias haciendo un fútbol de otra galaxia es de ingenuos. 
Pero me encantaría ver a un Deportivo más activo con el balón, más agresivo y sobre todo, sin tanto tiki taka en una zona de nadie que tanto desluce el espectáculo y que te acaba llevando irremediablemente al bostezo. Me seduciría ir al campo a disfrutar pero me parece una misión imposible si esto no cambia. Y de  momento, pese a la suma de puntos y de sufrir tan solo dos derrotas, el buen fútbol brilla por su ausencia. En definitiva, se suma, pero no todo vale. 

Soñar no cuesta nada
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