Miércoles 21.11.2018

Sembrando dudas

la situación del Deportivo me recuerda una de las películas de Álex de la Iglesia titulada “Perfectos desconocidos”, donde se cuenta como un inocente juego acaba reventando una cena de amigos.

la situación del Deportivo me recuerda una de las películas de Álex de la Iglesia titulada “Perfectos desconocidos”, donde se cuenta como un inocente juego acaba reventando una cena de amigos. Unos compañeros que tienen muchas historias en común, pero también muchas que ocultar, convierte el filme en una comedia sobre las relaciones humanas. Y algo hay de ello en este Dépor, aunque no precisamente comedia. Es evidente que aquí se ha perdido el norte de una forma realmente extraña.
¿Qué ocurre entonces? ¿A qué viene, una vez más, lo manifestado por Luisinho? No me parece justo lanzar la piedra y esconder la mano. La historia del Dépor está plagada de situaciones donde el luso ha sido protagonista. Sus diferencias con Arribas, Andone, Lopo, incluso con el técnico Víctor Sánchez y más reciente con Cristóbal y donde se han visto salpicados más futbolistas, reflejan una metamorfosis nefasta para la entidad. Y son realidades. Me duele ver al lateral, de lo mejor esta temporada, con esa actitud alarmista y más cuando las cosas están tan crudas y el descenso está más que masticado y justificado. Aquí no hay solo un culpable. La plantilla y el club deberían hacer examen de conciencia.
Un día sin una sonrisa es un día perdido, nos recordaba Charles Chaplin en una de sus históricas frases. Es el poder de las palabras. Yo lo intento. Pero no me sale. Y también lo apuntado por Luisinho, según él, conocedor del mal que aqueja a este Deportivo. Tenemos derecho a saber qué pasa. No se puede sembrar la duda ya que se podrían llegar a pensar cosas aterradoras.
En cuanto a Seedorf, continúa erre que erre con su ya habitual discurso de optimismo. Lo veo lógico y hasta lo comprendo. Pero hay que ser realistas. Basta ya de justificaciones. Las consecuencias están ahí aunque no todas las culpas son suyas. Una vez más, nos caemos al infierno de Segunda después de cuatro temporadas donde el peligro del descenso se acabó familiarizando con el club como una idea de vida que siempre nos ha perseguido. Qué triste. 

Sembrando dudas
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