• Miércoles, 19 de Septiembre de 2018

Una final de Copa politizada

En plena jornada de Liga, se aprovecha mañana, sábado, para disputarse la final de la Copa del Rey a la que llegan Sevilla y Barcelona.

En plena jornada de Liga, se aprovecha mañana, sábado, para disputarse la final de la Copa del Rey a la que llegan Sevilla y Barcelona. Una final marcadamente politizada en especial por lo que respecta a los catalanes y su actual movida con la independencia. En los últimos días se habla mucho, diría que demasiado, de lo que puede llegar a suceder si a unos y otros se les da por armarla cuando suene el himno español. Que Cataluña, no todos, quiera darnos por donde más nos duele hasta lo puedo comprender, pero me pone del hígado. Si quieren irse, que se vayan ya, que nos dejen en paz. 
Sus continuas reivindicaciones me produce dolor de cabeza. Me empalaga. Veas la tele que veas, te mosquean con sus informaciones y videncias. Me es indiferente esta o aquella cadena. La pública o la privada. Llego a sentir angustia y una enorme rabia. Y no digamos las tertulias políticas y deportivas. Nadie ofrece soluciones. Todos son malos rollos. Escuchar a Tebas es para morirse. Y no digamos al presidente del Barça. Es detestable. Aquí lo único que cuenta es que el del bando contrario se vea reflejado como un inepto que no sabe o no quiere aportar soluciones a los grandes problemas que sacuden a un país que está dominado por el poder, la mentira y la corrupción. 
Por no hablar del máster de Cifuentes. Aquí se pasan la pelota unos a otros. Nadie afronta sus responsabilidades. Los que antes estaban en el poder, nos llevaron a una triste situación. Y los que están ahora tampoco sé a qué juegan. Bueno sí, sí que lo saben, pero nos aburren una y otra vez con estadísticas y falsas promesas que nadie entiende y dudo que ellos también. 
Y claro, hay que medir los riesgos. Hace falta tener calada a la sociedad para saber cuánto puede uno dilatar la frenada antes de tragarse el muro. Esto, que puede parecer un ejercicio de lo más vulgar, tiene su complejidad y su arte. Como todo. Y ya se sabe, los secretos funcionan bien mientras no se conocen sus destinos. Así nos luce el pelo.