Carnavales: echando la vista atrás

Los vecinos de Monte Alto volvieron a echarse a la calle para festejar

Los vecinos de Monte Alto volvieron a echarse a la calle para festejar como se merece unos nuevos carnavales que tienen en la calle de la Torre y plaza de España básicamente toda su influencia y masificación de quienes, a base de humor y un gran despliegue de imaginación, dieron rienda suelta a la originalidad y fantasía que se vio reflejada con la importante presencia de comparsas y charangas junto a los habituales choqueiros que le otorgan a esta fiesta del Antroido una magia especial en este barrio tan lleno de simbolismo.
Cuando llegan estas celebraciones, me vienen a la memoria personajes que con el paso del tiempo dejaron su poso en este tradicional festejo que tanto gusta en A Coruña y sobre todo a pequeños y mayores, haciendo realidad sus grandes sueños que al fin se hacían realidad: disfrazarse y echarle morro, mucho morro a la vida.
Es inevitable recordar nombres que le dieron lustre a tanta diversión y merecedores de una alfombra roja. No me puedo olvidar de César. Para él no era necesario que llegasen los Carnavales para pasárselo pipa. Su vida era una fiesta perpetua. Había más. Las anécdotas de Pivela eran asombrosas y dignas de una película de Santiago Segura. Tampoco falla el recuerdo hacia el mítico Canzobre y su comparsa Monte Alto a 100 y el legendario Raúl y su “canto do cuco”.
En esta comedia carnavalesca no pueden faltar Fabas, Rogelio, Finita de Montealto, Fina Naya, Wences, Paredes… y el incombustible Palau, un insustituible en las fiestas como extraordinarios eran los despampanantes Pepe y Carlos con sus tacones de locura. Apenas se dejaban ver por las calles pero sí en los bares del barrio dando rienda suelta a los claretes de la época. Unas veces pagando, otras invitados por la casa y en otras haciendo un “simpa”, típico en la cultura actual española pero no en tiempos pasados. Las perlas de aquellos años, ya casi en el olvido, eran Julito y Pamela. Eran la estampa de lo infinito. Y la última en llegar a esta lista tan surrealista: Pilar Varela. Mi admiración para ella.