domingo 20.10.2019

¿UNA BURLA A LA HOSTELERÍA?

En los últimos tiempos parece que las televisiones se han puesto de acuerdo con la proliferación de programas sobre los concursos de cocina. Es como si las ideas se hubiesen congelado. Como el tiempo. Sin embargo, el que no cede, el que no perdona, el que se mantiene al frente del gallinero es Alberto Chicote con su “Pesadilla en la cocina”. A los restaurantes, a sus chefs y a los consumidores se les está haciendo un flaco favor. ¿Motivos? El teórico cliente es cada vez más reticente a compartir mesa y mantel. Sus “descubrimientos” y la cantidad de “flipaos” con lo que se encuentra en los fogones hace que muchas personas echen el freno. No voy a negar que Chicote tiene carisma, gancho, muchos kilos de más, un gran sentido del humor y una gran personalidad. Este tiparrón con aspecto de bruto, sabe ganarse como pocos a una audiencia que flipa con sus historias domésticas donde la “caca que habita” en el infernillo que visita, pone en evidencia una falta de higiene gravísima en todas ellas.
He visto imágenes alucinantes en las que sacaba de las entrañas de los fogones excrementos, cucarachas y todo tipo de fauna. ¿Y los inspectores de Sanidad dónde están? Pese e todo, Chicote arrasa. Los hay que se pasan por el forro sus sabios consejos y que en ocasiones se encontró con cocinas en las que incluso las mismas cucarachas “palmaban” por intoxicación alimentaria. Recuerdo uno en el que el propio chef divisó un ratón dentro de un lavavajillas. Horroroso. Un fanático de estos realities me dice que le encanta. “Este es un programa que a los raros que les gusta trabajar en hostelería les hace llorar y lo que les sorprende es que alguno de esos locales siga abierto”.
Y al final piensas y concluyes: lo que no entiendo es cómo hay personas que se tragan estos bodrios, malas imitaciones, sin gracia ni gusto. Me parece vergonzoso para el sector de la hostelería. Creo que todos estos programas, sensacionalistas, siguen un guión al que tienen que adaptarse. Drama, teatro, peleas, lágrimas. Siempre es el mismo orden. No me parece realista. Es como una burla a la inteligencia intentando hacer creer que son situaciones reales. A pesar de todo, los colegas de Alberto Chicote le consideran un filósofo, un poeta que disfruta hablando de la cocina, la suya, donde asegura que cada plato adquiere el valor de un gesto social. Casi nada.

¿UNA BURLA A LA HOSTELERÍA?
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