Lunes 10.12.2018

Adormideras City

Todavía siento nostalgia de cuando un servidor era un crío y encontraba en la zona de la Termac, un gran refugio para las travesuras infantiles. Pero ya llovió. Vaya si llovió. El futuro no se vislumbraba por ninguna parte. Ni estaba ni se le esperaba.

Todavía siento nostalgia de cuando un servidor era un crío y encontraba en la zona de la Termac, un gran refugio para las travesuras infantiles. Pero ya llovió. Vaya si llovió. El futuro no se vislumbraba por ninguna parte. Ni estaba ni se le esperaba. La antigua cantera, con el paso del tiempo, se fue transformando en lo que hoy es el barrio de Adormideras, para algunos, un suburbio moderno y señorial rodeado de mar y, para otros, un adefesio de cómo no se deben hacer las cosas.

Pero vamos al lío. En 1993 se firma un convenio con los propietarios del Agra de San Amaro de cesión y permuta de terrenos para la construcción del Paseo Marítimo con la promesa de que el PGOM calificaría la zona como urbana, en la que podrían construir cinco torres residenciales de ocho plantas de altura. Tiempo más tarde, donde dije digo, digo Diego. Todo se va al garete y esas viviendas, para compensar a los promotores, las quieren colocar en la parcela V-3, hoy zona ajardinada. Y aquí el vecindario no duerme, se desvela, se concentra, se rebela.

Esta urbanización comenzó a construirse en 1985. Así nacieron sus bloques de viviendas con 840 pisos a los que se añadió un hotel, un centro cívico, otro comercial y un instituto de enseñanza. Aquí paz y después gloria debieron pensar los vecinos. Con el paso del tiempo llegaron los problemas con la ubicación de una farmacia. Los primeros enfados se hacen notar, manifestaciones, rabia contenida por lo que en un principio se creyó erróneamente que era una “cacicada” de la casa consistorial. Al final, las aguas retomaron su cauce y la tranquilidad se apoderó de esa zona. Ganada, me gusta destacarlo, porque es justo hacerlo, gracias al excelente trato y amabilidad de sus moradores.

Sin embargo, Adormideras parece abocada a vivir en permanente alerta. Y no quieren. Se niegan. Con argumentos. Pero no se les escucha. Las malas acciones o las presuntas “compensaciones” de turno, lo que consiguen es que los residentes adopten posturas que siempre resultan incómodas para todos.

Y hasta hoy no han parado de manifestarse. Quieren seguir presumiendo de ser un barrio honrado. No quieren más viviendas que dañen su modo de vida. Se pretende, a toda costa, que la famosa parcela V-3 de Adormideras, hoy zona ajardinada, se mantenga como está. Los vecinos no quieren quedarse sin disfrutar de uno de sus grandes placeres: más espacio y menos cemento. No quieren masificar la zona. Todo lo que se pretende va contra la tranquilidad y la buena convivencia de los habitantes de este lugar con un estilo de vida fácil y funcional. Si alguien ha metido la pata, que asuma las consecuencias. Ya está bien.

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