Miércoles 14.11.2018

Pugna por el voto jubilado

Lo malo que tiene llegar tarde a las cosas es que, cuando te pones a ellas, ya te han arrollado. Es lo que está sucediendo con el debate social y político sobre las pensiones.

Lo malo que tiene llegar tarde a las cosas es que, cuando te pones a ellas, ya te han arrollado. Es lo que está sucediendo con el debate social y político sobre las pensiones: que cuando Moncloa  ha querido reaccionar a la inesperada marea reivindicativa, se ha visto sobrepasada por la calle y por el resto de las fuerzas políticas.
A éstas les es muy fácil hablar y prometer tirar de chequera si les llega el momento. La oposición en general se frota las manos ante la oportunidad de desgate del Gobierno y se ha colocado a favor de corriente, cortejando a los pensionistas, sin entrar en detalles.  
El Ejecutivo, por su parte, se tiene que tentar mucho más la ropa. Gobernar es bastante más que mitinear desde la barrera. Así las cosas, en espera de ese acuerdo en el seno del Pacto de Toledo que no llega,  lo más que a corto plazo se atreve a ofrecer es más bien poco, habida cuenta –alega- de que no hay dinero para más.  
Trata también de explicar un par de cosas difíciles de asimilar. Una: que nuestro sistema de previsión está entre los más generosos del mundo y que los pensionistas españoles reciben mucho más de lo que han aportado. Y dos: que habiendo subido un 2 por ciento el coste de la vida y habiendo visto ellos actualizada su pensión sólo en un 0,25 por ciento, no pierden tanta capacidad adquisitiva como piensan. 
Esta aparente paradoja es fruto del nuevo modelo –el llamado “factor de sostenibilidad”– implantado en 2013 con Rajoy en el Gobierno y Bruselas apretando para que el déficit no llevara el país a la quiebra. Un sistema técnicamente impecable a juicio de los expertos, pero, como digo, política y socialmente complicado de dar por bueno.
Como se sabe, el llamado Pacto de Toledo fue un acuerdo del Congreso de los Diputados adoptado en abril de 1995 así llamado porque el consenso último se había fraguado en una reunión  en el parador de turismo de la capital manchega entre representantes de PP, PSOE, Convergencia e Izquierda Unida.
La idea era sacar las pensiones del debate político. Es decir, que a partir de ese momento las reformas en la Seguridad Social habrían de tomarse por consenso y pensando en la sostenibilidad a largo plazo del sistema. Desconozco si desde entonces acá este segundo objetivo se habrá ido o no consiguiendo. El primero, sin embargo,  ahí continúa pendiente. 
En realidad, las pensiones nunca han salido de la pugna electoral. Aznar, por ejemplo, perdió las elecciones de 1993 frente a Felipe González porque éste había enredado trasladando inseguridad a los votantes respecto al futuro de las prestaciones en un eventual cambio de Gobierno. Y así sigue siendo. Por eso al PP le preocupan las movilizaciones del voto jubilado de estos días. ¿Quiénes están meciendo esa cuna? Los propios pensionistas –parece- están dejándose llevar.

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