Sábado 17.11.2018

Parar el brexit

Lo que en 2017 parecía misión imposible va tomando cuerpo

Lo que en 2017 parecía misión imposible va tomando cuerpo en los albores de este 2018. El objetivo es revertir la prevista desconexión del Reino Unido con Europa mediante un segundo referéndum. O al menos, poder repensarla. A los impulsores de la iniciativa les asiste una cierta razón.
El año en curso empieza a ser decisivo. En 2017 las negociaciones eran todavía incipientes. Para 2019 será demasiado tarde. Desde una perspectiva realista este 2018 sería la última oportunidad para tener voz y voto a la hora de saber y decidir si la nueva relación con Europa va a ser mejor o no que la actual. No hay que olvidar que, en principio, el 29 de marzo de 2019 Reino Unido debe abandonar el club europeo.
Argumentan aquéllos que cuando votaron en junio de 2016, los ciudadanos británicos sabían que lo estaban haciendo sobre su posición en Europa. A favor o en contra. Pero desconocían cuál habría de ser la relación futura con el continente. Pues bien: cuando se sepa la alternativa que salga de las negociaciones con Bruselas, parece justo que el electorado pueda repensárselo de nuevo bien a través de un segundo referéndum, de unas elecciones que tendrían el carácter de plebiscitarias, o bien a través del propio Parlamento. Y en esas están.
La primera campanada del año la dio hace unos días Tony Blair. El ex primer ministro laborista (1997-2007) reitera su deseo de que Reino Unido permanezca en la Unión Europea. “Al salir del poderoso bloque regional –añadía- de los países vecinos a los que estamos unidos físicamente por el túnel del canal de las Mancha, comercialmente por el mercado único, históricamente por infinitos vínculos culturales, y políticamente por la necesidad de una alianza en una era dominada por Estados Unidos en Occidente y China e India en Oriente, estaríamos cometiendo un error que el mundo actual no puede comprender y las generaciones futuras no podrán perdonar”.
Blair no discute la votación de hace año y medio. Pero la cuestión es –dice- si “a medida que avanza la negociación y vemos con claridad la alternativa a la pertenencia actual a la UE, vamos a tener derecho a cambiar de opinión; si la voluntad del pueblo es inmutable o si se permite que cambie cuando la percepción de la realidad se base en una información mejor”.
El ex primer ministro laborista no está sólo en estas sus reflexiones. Ya a finales del año pasado el que fuera viceprimer ministro y líder liberal demócrata Nick Clegg lanzó un manifiesto en el mismo sentido y ha puesto todas sus energías en el empeño. Entiende que, lejos de ser antidemocrático, parar el brexit sería más democrático, dado que se ha diluido la estrecha mayoría de los partidarios de la salida de la UE. En su partido ya se manejan fechas para ese eventual segundo referéndum: tres meses de campaña y votación en diciembre del año en curso.

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