• Sábado, 22 de Septiembre de 2018

Las huelgas hacen su agosto

Más que como el clásico mes de vacaciones, a este paso agosto va a ser conocido como el mes de las huelgas; huelgas en el transporte y servicios de movilidad ciudadana, que son las que más daño hacen en este tiempo de cuantiosos desplazamientos. 
A las reivindicaciones que afectan o afectarán a vuelos de la irlandesa Ryanair, Iberia y otras compañías, hay que añadir las protestas de taxistas en Barcelona, además de los paros parciales en Renfe y Adif. Tripulantes de cabina, asistencias en tierra a aeronaves y pasajeros, que en un aeropuerto no son pocas y variadas, servicios ferroviarios… Las convocatorias se repiten. Casi hay que ir apuntándolas día a día para no perderse.
Muy seguramente si no fuera por los especiales quebrantos que en temporada alta causan  y por la presión añadida que suponen sobre las empresas de turno,  tales paros no serían planteados  precisamente en estas fechas. Ni en otras parecidas.
Pero habida cuenta de que los Gobiernos, como el nuestro,  no actúan contra los piquetes, ni han desarrollado cual es preceptivo el derecho constitucional a la huelga, ni funcionan con la eficacia debida los mecanismos de mediación y arbitraje, ni en ocasiones hasta ni se llega a establecer servicios mínimos, ahí tenemos a huelguistas y sindicatos campando por sus respetos, con su parte, sí, de razón, en unos conflictos que se suceden y eternizan.  
No vale con predicar, como el ministro Ábalos, que tratándose de un servicio público el derecho de huelga ha de ejercitarse sin que perturbe su prestación. Algo habrá que hacer y no sólo en los despachos. Porque la violencia practicada por los piquetes de taxistas y los colapsos provocados en Barcelona bien se podrían al menos haber paliado.
Las llamadas huelgas aéreas son otra cosa. No se trata, además, de un problema exclusivo nuestro. “Estamos viviendo en Europa el peor año para este tipo de huelgas”, han señalado fuentes  empresariales. Según sus datos, en los primeros seis meses de este 2018 hubo un total de veintinueve días de huelgas aéreas; es decir, casi un mes entero en un solo semestre. Sobrecarga de trabajo para los empleados y precariedad de sus condiciones laborales, son los principales argumentos. 
De acuerdo con la consultora Price Waterhouse la factura para la economía europea por las protestas del sector suma ya desde 2010 unos 13.400 millones de euros. Al tiempo, de seguir al alza las ganas de viajar, la congestión en los aeropuertos no hará otra cosa que empeorar y las instalaciones que hayan alcanzado el máximo régimen operativo, como el Londres Heathrow de hoy día, pasarán en veinte años de los seis actuales a doce. Y lo que es peor: 160 millones de pasajeros se tendrán que quedar en tierra por no poder volar. No habrá aviones ni pilotos para cubrir la demanda.